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Columna ALTERNATIVA: ¿De qué están hechos?

Columna ALTERNATIVA: ¿De qué están hechos?

¿De qué están hechos?

Por Gustavo Mares

 

Qué intensos han resultado estos días en Aguascalientes, tierra de la gente buena, donde se lleva a cabo la tradicional Feria de San Marcos.

El domingo, Diego Silveti sufrió una cornada en la pierna izquierda. El torero guanajuatense se quedó en el ruedo –literal, sin mirarse la ropa- y continuó en la lidia. Fue una tarde cumbre en la que cuajó una faena de altos vuelos y gran contenido artístico.

El menor de la legendaria dinastía Silveti recibió orejas y rabo simbólicos, luego de que ese burel, a petición popular, fue indultado por el juez de plaza.

Silveti dio una vuelta al ruedo con el ganadero. En las fotos se le observa una sonrisa ‘de oreja a oreja’. Nadie podría imaginar que llevaba atravesado el muslo. Cuando fue operado, los doctores se asombraron de lo grande de la lesión.

Hay una foto en la que se aprecia como el doctor le mete el dedo en la herida y le atraviesa de lado a lado  el muslo. Impresionante.

El lunes por la noche, mientras tentaba en la dehesa hidrocálida de Manolo Espinosa, el diestro Arturo Macías sufrió una cornada de dos trayectorias en el muslo derecho. Salió del quirófano en las primeras horas de la madrugada del martes. Casi al instante llegó un mensaje. Era Ana Delgado, la siempre profesional Jefa de Prensa del torero para dar a conocer que Macías había tomado la determinación de no perderse el festejo de ayer, día de San Marcos, en su tierra.

Anécdotas que hablan de la decidida e impresionante actitud de los toreros aún con las carnes abiertas o apenas intervenidos quirúrgicamente deberían darse a conocer en todo el mundo como un ejemplo de la fortaleza del espíritu humano ante la adversidad.

El diestro de Uriangato Israel Téllez, apoderado por el gran David Medina García, realizó hace algunos años algo parecido. Recién cornado se salió del hospital para ir a torear a la Monumental de Aguascalientes. Si no me falla la memoria, en aquel momento, el guanajuatense coincidió en el sanatorio con el maestro Addiel Bolio, padre de otro grande de la pluma taurina, el maestro Adiel Armando Bolio.

Hay algunas anécdotas poco conocidas. Un día en la Plaza México, el Coloso de Tula, Jorge Gutiérrez sufrió una cornada. Lo llevaron a la enfermería y ahí le pidió al doctor que lo operara para salir a lidiar a su segundo. Tal cual lo pidió el torero, se hizo. En aquel momento el dato pasó inadvertido en los medios de comunicación.

Una semana después, también en la Plaza México, Rafael Ortega sufrió una cornada. Al ingresar al quirófano y con el conocimiento de lo que había hecho el torero hidalguense una semana antes, pidió lo mismo.

Sin embargo, el doctor no lo autorizó porque se trató de otro tipo de lesión y no era prudente permitirlo.

Yo no sé qué pase por la cabeza de un torero para llevar a cabo este tipo de gestas, aún a costa de su propia vida. Lo que sí sé es que cada tarde en la que parten plaza, sea en el escenario que sea, el peligro de muerte o de caer herido es real, está latente. Es parte de la profesión.

Por eso disfruto cada suerte que ejecutan porque en cada una de estas cualquier cosa puede suceder. Nunca hay enemigo pequeño. Al legendario Antonio Bienvenida lo mató una vaquilla.

Ojalá que se recuperen pronto todos los toreros heridos en México y el extranjero.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué matadores de toros, padre e hijo, debutarán en Agüitas como ganaderos y tienen su finca en Valle de Bravo?