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Columna ALTERNATIVA: Mucha Agua al Vino

Columna ALTERNATIVA: Mucha Agua al Vino

Mucha agua al vino

Por Gustavo Mares

Algo está sucediendo en la cabaña brava mexicana, porque es preocupante que cada día en la mayoría de las plazas de la geografía de nuestro país salen por la puerta de toriles astados sin bravura, son por el contrario bureles de nobles y pastueñas embestidas en el mejor de los casos. Toros a los que apenas hay que señalarles la suerte de varas para que no se queden parados.

Muchos e importantes autores coinciden en que ‘las épocas determinan el toreo; y el toreo determina al toro’.

En una entrevista que aún recuerdo en el desaparecido programa Toros y Toreros de Canal 11, conducido por el licenciado Julio Téllez, el maestro texcocano Silverio Pérez señalaba que ‘antes el toro era más fiero’, aunque también aclaraba que en la época actual ‘se torea mejor que nunca’.

Hoy, tal pareciera que le han ‘echado demasiada agua al vino’ en la mayoría de las casas ganaderas para atemperar las embestidas de sus toros.

Es -hablando gastronómicamente- como una salsa no muy picosa, mejor aún que parezca salsa pero que sepa a caldo. En la tauromaquia es fundamental la bravura, sin ella no hay nada. Por algo se le conoce como fiesta brava.

Las figuras más importantes de la tauromaquia mundial que torean en nuestro país, así como la mayoría de diestros de renombre –porque ahora mismo no tenemos una figura del toreo mexicana- se decantan por las ganaderías que son sinónimo de sosería.

Se les olvida que el toreo es un espectáculo intenso en el que la emoción que produce ver a un hombre jugarse la vida ante un toro fiero no tiene comparación, pero si ese espectáculo se vuelve ‘light’ pierde su esencia. No es otra cosa más que apenas un esbozo de lo que fue.

El toro bravo no es ‘Ferdinand’ el de película que ‘huele flores’. El toro bravo es un animal que almacena bravura a lo largo de su vida porque sabe, por instinto, que un día tendrá que pelear a muerte.

Sería muy interesante que las empresas, en todo lo largo y ancho de nuestro, país abrieran el abanico de posibilidades ganaderas en bien del espectáculo taurino. Evidentemente se antoja complicado porque como es un secreto a voces, los toreros de la cima del escalafón suelen imponer no sólo alternantes sino también la procedencia del ganado.

Renglón aparte merece la presentación de la mayoría de los encierros que lidian las figuras ultramarinas a las que los organizadores les conceden sus caprichos incluidos encierros cómodos que contrastan con lo que se ‘zumban’ en aquel lado del océano.

Lo de la presencia, -el trapío- es cuestión de tiempo y alimentación, no hay mayor secreto. Es, en cierto sentido, una cuestión económica.

Pero lo de la bravura es otra cosa. Al vino se le puede echar agua… pero jamás se podrá revertir el efecto.

Para concluir, la pregunta de la semana: ¿De qué ganadería son los toros que por más años que tengan, no dan el trapío que requiere una plaza de primera?