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Columna Alternativa: ¿Pedófilos, sí… toreros, no?

Columna Alternativa: ¿Pedófilos, sí… toreros, no?

¿Pedófilos, sí… toreros, no?

Gustavo Mares

 

Escribir la pura palabra es abominable. Terrible. Pero por increíble que parezca, en diversas marchas a favor de la diversidad sexual han comenzado a aparecer panfletos de personas que apoyan esta deleznable situación. ‘Rompamos tabúes’, afirman.

También motivo para la reflexión son aquellas feministas que a través de la red no tienen empacho en decir que se puede hacer ‘vida en pareja’ con un perro. No hablan de zoofilia sino de ‘un ser vivo que te dará fidelidad y felicidad, sin ningún problema’. Aberrantes y enfermas ambas situaciones, además de que la primera es un delito gravísimo que debería de merecer cadena perpetua, en los países en los que la legislación lo permite.

Es increíble que hoy día estén bien vistos los desfiguros que se hacen en pro de la libertad, porque eso se llama libertinaje.

En este panorama, en el que el nivel de conciencia de muchas personas es muy bajo, hay quienes enfocan sus esfuerzos en querer terminar con la tradición taurina que además de tener arraigadas raíces culturales es un gran generador de empleos.

Preocupa que hoy día, las nuevas generaciones vean bien el hecho de querer ser narcotraficantes. Hoy día, cuando la apología de la violencia deja grandes dividendos en los medios de comunicación, hay personajes hipócritas que se santiguan por ver la muerte de seis toros bravos en una corrida de toros.

No hay acto más gallardo y honesto de un ser humano, que permitirle a la bestia que enfrenta, y que a la postre servirá como su alimento, que se pueda defender.

Aquellas ‘almas caritativas’ que quieren defender al toro de lidia erradicando las corridas de toros no saben que con eso estarían condenando al toro bravo a su extinción.

Algunos políticos oportunistas, influenciados por una gran ignorancia del tema, querían criarlos en zoológicos, lo que hace ya algunos años se intentó en Alemania e Italia. Resultó imposible.

El toro de lidia es un animal bravo por naturaleza. A diferencia de los carnívoros no ataca para comer. Es un animal muy territorial y fiero. Los que han tenido oportunidad de visitar el campo bravo no me dejarán mentir.

Sorprende la manera en que están cambiando los valores no sólo de nuestro México, sino del mundo en general. Antes, en todos los círculos, el torero era considerado como un héroe, como alguien casi mitológico. Hoy la admiración, reitero, es para los narcotraficantes. Algo estamos haciendo mal.

Desde que el toreo se estableció como un espectáculo público ha quedado de manifiesto no sólo su importancia en el ámbito cultural y económico en las naciones que lo practican, sino también el alto espíritu altruista de la llamada ‘familia taurina’.

En el caso de los políticos que manejan el rumbo de un país, el hecho de querer desvirtuar la grandeza de la fiesta brava por buscar el camino fácil de los reflectores, cuando el tejido social se descompone a pasos agigantados es para poner a temblar hasta al más valiente.

Ojalá que en nuestro país, donde hay asuntos de mucha mayor relevancia, no sea el caso.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué torero mexiquense decidió irse sin decir adiós?