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Columna ALTERNATIVA: Renovarse o morir

Columna ALTERNATIVA: Renovarse o morir

Renovarse o morir

Por Gustavo Mares

Comenzó la Feria de Aguascalientes y al igual que en otras ciudades de nuestro país, las entradas en los festejos distan mucho de lo que solían ser años atrás.

Hace todavía no muchos años, las entradas desde la primera hasta la última corrida de la feria en la ‘tierra de la gente buena’ eran lleno.

Pero el mal no es privativo de este lado del continente. A través de la magia de la televisión lo que sucedió en términos generales en Sevilla es preocupante. Cada día es más evidente la ausencia de aficionados.

Casos como el de la Plaza Caletilla de Acapulco son todavía más inquietantes pues de ser un escenario que daba festejos taurinos todo el año pasó a cerrar sus puertas.

Un matador de toros con varios años de alternativa regresó de aquel paradisiaco puerto no hace muchos días y en plática con un aficionado local tocaron el tema de la Plaza Caletilla.

Los puntos que esgrimía el aficionado acapulqueño son concretos y puntuales. Decía que en aquella época de bonanza la ‘parte bonita de Acapulco’ era la zona hotelera, había incluso algunos hoteles que pomposamente anunciaban ‘con playa propia’. Pero los tiempos y las modas cambian.

Un día, la tradicional zona turística dejó de ser la ‘parte bonita’. Ese título lo ostentan ahora zonas como Punta Diamante.

La famosa Playa Caletilla, que en las épocas doradas de las zonas hoteleras era la playa ‘popular’ es ahora una playa que visitan casi exclusivamente familias locales, nadie más.

Cuando todavía tenía vida el coso acapulqueño, los organizadores se empeñaron en apuntar la publicidad al mismo público de años anteriores, sin percatarse que eran otras épocas. Todo cambia. Hoy, para muchos ‘chavales’ de más de cuatro décadas será noticia de impacto saber que el legendario ‘Disco Beach’ ya no existe y lo que es peor, las nuevas generaciones ni siquiera han escuchado hablar de él.

Antes, hace ya muchos años, entre los profesionales taurinos estaba permitido –e incluso era válido y se aplaudía- el ‘taurinear’. Pero la modernidad se abalanza con toda su furia para llevarse lo que ya es añejo u obsoleto.

Los  aficionados taurinos deberíamos ser más perceptibles a los cambios o adecuaciones a los preceptos tradicionales de la tauromaquia. Al final del día, la esencia del toreo gravitará en un ser humano dispuesto a hacer arte sin importarle jugarse la vida delante de una res brava, con sus astas íntegras y sus cuatro años de edad como mínimo. Lo demás, lo que envuelve  la materia prima del espectáculo taurino, puede ser motivo de ajustes a la época en que vivimos.

En el lejano 1917, cuando en España comenzó a implementarse el peto de picar, muchos aficionados de la época pusieron ‘el grito en el cielo’ y aseguraban que eso marcaría el fin de la tauromaquia. Pero no pasó nada. La fiesta brava continuó.

Hogaño, cuando cuesta mucho trabajo hacer que los aficionados se metan a las plazas de toros es menester buscar nuevas fórmulas que permitan la celebración del espectáculo que más nos apasiona.

Criticar sólo por criticar no aporta nada a la tauromaquia. Hacerlo desde la comodidad de un sillón a través de internet, menos.

Dicen que hay que ‘renovarse o morir’. Los profesionales taurinos –no así los taurinos- tienen la última palabra.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Habrá retiro en puerta después de que un gran diestro mexiquense puso a la venta sus vestidos?