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COLUMNA ALTERNATIVA: Sentido de Admiración

COLUMNA ALTERNATIVA: Sentido de Admiración

Sentido de admiración

Por Gustavo Mares

El pasado fin de semana en la Plaza México, se retomó la actividad taurina luego de una pausa obligada por las circunstancias generadas tras el sismo del pasado día 19. El festejo del sábado resultó ‘cuesta arriba’ para los novilleros.

Pero más allá de la reseña de ese festejo de mediodía, vale la pena comentar que entre el público se encontraba Nourredine Yanes, quien viene de Argelia, en Africa y acudió por primera vez a un coso taurino.

La cercanía de Argelia con el sur de Francia ha hecho que no sea ajeno a la tradición taurina. Siguió con atención todo lo que sucedió durante la novillada. Ni la lluvia, que no dejó de caer a lo largo de la tarde, le robó la atención tanto como lo que sucedía en el ruedo.

Cuando vio que dobló el primer toro hizo un comentario muy interesante pues ya sabía que la carne del toro de lidia se come. ‘Es como cuando en Navidad se matan los pavos, es parte de una tradición y una cultura. Además, tiene un fin práctico’, reconoció.

Transcurrió el festejo y le llamó la atención la fuerza del burel y la inteligencia del ‘Matador’, que con un solo movimiento de cintura y confiando en sus habilidades esquiva la muerte que pasa cerca en cada trazo.

Encontró ciertas similitudes entre la tauromaquia y el judo, arte marcial japonés del que es cinta negra, sobre todo en la manera de plantarse muy bien para no caer por la misma fuerza del toro al momento de la embestida.

Durante todo el festejo guardó un silencio muy respetuoso. Más tarde confesaría que lo hizo porque lo que estaba sucediendo en el ruedo era tan real que en cualquier momento podría sobrevenir una desgracia.

La lluvia no se quitó y el frío arreció. Al término del festejo, en el que no se cortaron orejas, Nourredine quedó fascinado por la magia del toreo.

Por aficionados como él es que no se alcanza a comprender por qué en redes sociales haya comentarios cargados de tanta negatividad de profesionales o personas inmersas en el medio taurino, que prefieren ver ‘el punto negro en la hoja blanca’.

Escuchar los conceptos de este novel aficionado africano, la manera en que se maravilló con lo que hicieron los chavales que apenas comienzan, mueve a la reflexión y es que los aficionados no deberíamos perder nunca ese sentido de admiración, que debe girar en torno a la fiesta brava.

Quizá para muchos aficionados llegar a la plaza de toros sea como arribar a cualquier otro escenario para ver un espectáculo más. Cuando no se ha perdido ese sentido de asombro, el buen aficionado sabe que la tarde que está por presenciar podría ser la última de uno de sus participantes.

Si no se perdiera el sentido de admiración, los aficionados serían los primeros en transmitir, de boca en boca, la grandeza del toreo.

Hogaño, cuando ya casi nada sorprende a nadie, muchas veces hasta se dan el lujo de decirle a un torero qué hacer delante del de ‘negro’.

Seguramente, si no se perdiera el sentido de admiración, las plazas de toros lucirían repletas de aficionados pues no cualquier artista es capaz de arriesgar la vida en pos de su obra. Pero hoy, cuando ya casi nada sorprende, tal parece que está de moda criticar todo para ser un ‘buen taurino’. Tal parece que mientras más ‘se despedaza’ el espectáculo taurino, más se sabe del tema.

Sin embargo, el toreo es tan grande que maravilla a propios y extraños, como a Nourredine, que vino del otro lado del mundo para aplaudir y rendirse ante este espectáculo único.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué empresarios taurinos podrían ser vetados pronto por incumplidos?