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Columna Alternativa: SON COMPLEMENTO

Columna Alternativa: SON COMPLEMENTO

Son complemento

Por Gustavo Mares

 

Desde su aparición, las redes sociales han modificado la manera en que se hace publicidad. Hoy, muchos apuestan exclusivamente por este medio a través de internet y descuidan los medios tradicionales para anunciar sus productos o servicios.

La fiesta brava no es la excepción. Cada día es más habitual que empresas y toreros se decanten por este medio, lo que no es negativo, pues bien apuntan los expertos que ‘no hay publicidad mala’. Sin embargo, en su afán por querer explotar al máximo la internet sólo se enfocan al tema de redes sociales descuidando otros frentes en los que una publicidad bien aplicada podría reportarles resultados positivos.

Hogaño, toreros y empresas, se conforman con anunciarse en sus propias redes sociales, en las que hay un público cautivo pero que no crece ni disminuye, es el mismo. Peor si el ‘público’ que tienen es ‘comprado’ y no ‘orgánico’, porque lo único que sucede en esos casos es impresionar con cifras muy elevadas pero de nulo efecto en la realidad.

Diversos estudios dan cuenta que la clase de mayor poder adquisitivo no desdeña la internet, pero se enfoca más en la información que encuentra en los medios de comunicación tradicionales como la prensa escrita, la radio y la televisión. La razón fundamental, porque hay muchas, es que en estos medios hay expertos con amplia preparación a diferencia de la internet, donde se amalgaman las personas preparadas y las que están hechas ‘al vapor’, de ahí la incertidumbre.

En lo que respecta a la fiesta brava a muchos les ha pasado de noche que el toreo es un espectáculo del pueblo, lo que forzosamente remite a que es imperativo acercar a las clases más modestas de nuestro país a las corridas de toros o por lo menos su publicidad para que estén enterados y si el producto que se les ofrece les llama la atención se retraten en taquilla sin importar la localidad que adquieran.

Con honrosas excepciones, hace mucho que las empresas dejaron de pegar carteles en las esquinas, que ya no reparten volantes de mano y que dejaron el perifoneo en el baúl del olvido.

Son pocos los que invierten en una publicidad bien enfocada. Se olvidaron de las grandes masas y apuestan exclusivamente por los ‘taurinos’, sin reparar en que son precisamente los ‘taurinos’ los más reacios a comprar en taquilla un boleto. Es habitual escuchar los días de corrida a alguien decir que ‘tengo treinta años viendo toros, ¿por qué compraré hoy un boleto? Me lo tienen que obsequiar’.

Con talento y ganas se pueden hacer cosas importantes en el renglón publicitario a favor de la tauromaquia. Hay nichos olvidados que ni siquiera se tocan como los programas de espectáculos, de sociales o los propios noticieros.

Claro que de nada sirve una impactante campaña publicitaria si al final del día el producto que se ofrece no cumple con las expectativas del ‘target u objetivo’ al que va dirigida. Para ello hacen falta combinaciones atractivas con toros hechos y derechos, puntales, que hagan sentir al ‘cliente’ que cada peso que invirtió en la localidad se le está retribuyendo con lo que sucede en el ruedo. De lo contrario, las bajas entradas y la apatía del público será constante hasta hacer que este espectáculo que tanto nos apasiona desaparezca.

Las redes sociales son un complemento importante en la promoción del espectáculo taurino, pero no se pueden descuidar otros frentes que han sido habituales en la tauromaquia. En este aspecto, la fiesta brava española nos lleva una gran distancia de ventaja.

El refresco de cola más importante del mundo invierte grandes cantidades de dinero en publicidad no sólo en la red, sino también en medios impresos y electrónicos. Por algo será.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué torero podría ver trunca su ascendente carrera por una mala influencia familiar?