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Columna ALTERNATIVA: ¿Y  luego qué?

Columna ALTERNATIVA: ¿Y luego qué?

 

¿Y luego, qué?

Por Gustavo Mares

El diestro Jerónimo firmó el pasado domingo en la México una gran tarde, lo que le valió para cortar un apéndice de ley. No descarto que lluevan críticas a este reportero por tal afirmación, pues en redes sociales muchos puristas de la tauromaquia reventaron al torero poblano. Que si no templó, que si sufrió un desarme.

Quieren ‘quemarlo en leña verde’ buscando hasta el mínimo detalle para criticarlo. Pero hay algo que ‘pasa de noche’ y es que el torero llegó a la Plaza México después de torear apenas doce corridas el año pasado, lo que representa un festejo por mes, lo que se traduce en poca actividad. Aún así le salió al muy serio encierro de Caparica, porque vaya que por la puerta de toriles apareció una ‘señora corrida de toros’. En cuanto a juego eso es otra cosa. El mejor, el que le correspondió precisamente a Jerónimo, quien se recreó en su personal estilo y aprovechó las bondades de su enemigo, que no fue fácil, pese a la poca actividad que tuvo a lo largo del recién terminado 2017.

Ahora, después de haber ganado una importante batalla con la oreja que cortó en el coso grande, el poblano deberá enfrentar un nuevo obstáculo y es la indiferencia de la mayoría de las empresas.

No sólo él. Casos como los de los aguascalentenses Fabián Barba y Gerardo Adame son también dignos de comentar. Ya triunfaron y cortaron orejas en la Plaza México. Pero resulta que, pese a que han demostrado con hechos –porque en la fiesta brava nadie le regala nada a nadie- que pueden ocupar un lugar preponderante en la tauromaquia de nuestro país, las empresas no los voltean a ver. Triunfan en el coso más importante de América pero ya no repercute como solía suceder en otras épocas, cuando una oreja en la monumental le valía al torero una serie de importantes contratos en provincia.

Hogaño, con contadas y honrosas excepciones como el caso del diestro Sergio Flores, quien está posicionado en la élite del toreo aún sin pertenecer a una casa grande de apoderamiento, en la mayoría de las plazas importantes sólo torean los diestros que forman parte de la casa organizadora del festejo, lo que significa que el panorama en general está muy cerrado para diestros como los mencionados líneas arriba.

Ahí hay toreros y de los buenos. Imagine usted lo que habría pasado si Jerónimo, Barba o Adame hubiesen llegado a sus respectivas tardes de triunfo con cien corridas de toros lidiadas en un año. Podrían haber puesto la ‘plaza de cabeza’. Hoy, cuando todo ha cambiado hay quienes quieren ‘arrancarles la cabeza’ y les buscan hasta el más mínimo defecto.

Antes, un triunfo en la México supondría una agenda abultada en automático. En esta época una actuación destacada en la plaza más grande del mundo podría representar que muchos cosos de provincia les cierren las puertas pues no vaya a ser que ‘le peguen un repaso’ a cualquiera de los toreros del grupo.

Ha cambiado tanto el medio taurino, que hoy es casi obligatorio que todo aquel que quiera funcionar en esta difícil profesión tiene que haberse formado en España, pues de lo contrario le resultará más difícil de lo que ya es abrirse camino en suelo azteca. Hace no muchos años todavía era al revés y los españoles venían a nuestro país a hacerse toreros. Casos más recientes, dos de las máximas figuras de la tauromaquia, José Tomás y Julián López ‘El Juli’.

Ojalá que los triunfos de estos toreros no sean en vano y repercutan en oportunidades y contratos.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Por qué no le dio aunque fuera una sola corrida si eran tan amigos?