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Fuertes confesiones personales de Octavio García ‘El Payo’

Fuertes confesiones personales de Octavio García ‘El Payo’

Han pasado más de dos años desde que el diestro queretano Octavio García ‘El Payo’ concedió una entrevista exclusiva al diario OVACIONES, donde hizo fuertes, estremecedoras e impactantes confesiones personales del calvario que ha tenido que sufrir con tal de vestir de luces.

Hoy, después de más de dos años, ese calvario que vive todos los días, sigue vigente.

El propio torero, con un dejo de resignación, sabedor de la cruz que le tocó cargar, confirma que los problemas físicos que sufre, consecuencia de los percances en el ruedo, se mantienen.

Así pues, hoy aquí en TOROS Y FAENAS, queremos rendirle un pequeño pero sentido homenaje a este valiente y honrado torero mexicano.

A continuación, la entrevista que se publicó en dos partes en OVACIONES en junio de 2012:

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Por Gustavo Mares

“He visto la mentira del traje de seda y alamares; aquella cáscara brillante, esa máscara de carnaval, rota, manchada de sudor y sangre, sobre una silla; mientras su relleno, un hombre como cualquier hombre, sufre…”, son las palabras con las que la desaparecida Conchita Cintrón iniciaba su libro “¿Por qué vuelven los toreros?”, frase casi poética que pone al descubierto una gran verdad del toreo, esos hombres que se juegan la vida cada domingo son precisamente eso, hombres de carne y hueso.

Terminó ya la feria de San Isidro en Madrid, en la que participó un nutrido grupo de toreros mexicanos entre los que se contaba el diestro queretano Octavio García “El Payo”, quien en emisiones anteriores había acaparado reconocimientos y premios, pero esa tarde del pasado 19 de mayo las cosas no le rodaron bien.

La prensa en general lo criticó duramente y es que el rubio torero tenía acostumbrado al público a triunfar constantemente.

Cuando Octavio llegó al hotel donde se enfundó el traje de luces, tras esa mala tarde, rompió en llanto. Le acompañaba su hermano menor, quien lo abrazó y le preguntó “¿vale la pena todo este esfuerzo?”.

Octavio García “El Payo” fue categórico al responder con un firme “¡sí!”.

LA ENTREVISTA

Ha pasado poco más de un mes de aquella tarde y Octavio no había hablado con ningún medio de comunicación, sin embargo, ayer aceptó platicar, en exclusiva, con este reportero.

De momento no sabe en qué plazas actuará, porque eso lo deja en manos de su apoderado.

Dedica su tiempo y esfuerzo a entrenar desde que sale el sol hasta que anochece.

A medio día realiza ejercicio en un gimnasio y es ahí, a punto de dar por concluida la rutina de estiramiento, donde comienza a platicar.

“Esa tarde de Madrid fue muy difícil para mí. Anteriormente ya había actuado en Las Ventas y las cosas se me habían dado bien. Había cortado orejas y había dado vueltas al ruedo, pero ese día las cosas no se me dieron bien”.

“Yo no sé si es una virtud o un defecto, pero yo soy una persona muy transparente. Cuando estoy bien se me nota, cuando no me siento bien, también se nota. Los aficionados lo sienten y esa tarde en Madrid las cosas no se me dieron bien.

“Quiero decirte que llegué en óptimas condiciones, durante cuatro meses me preparé con gran intensidad. Me presenté en Madrid fuerte, bien, pero simplemente no logré el triunfo que esperaba. No culpo a nadie, simplemente no se me dieron las cosas”.

LAS LESIONES

Poco habla “El Payo” de su estado de salud. Para el grueso de los aficionados, las catorce cornadas que lleva en la geografía de su cuerpo no existen, o están en el olvido. Lo mismo aquel grave percance que hace años sufrió en la Corrida de Navidad celebrada en la Plaza Santa María de Querétaro, percance que estuvo cerca de dejarlo postrado de por vida en una silla de ruedas.

Sin embargo, la raza de este torero le ha hecho salir adelante y ahí consiguió uno de sus triunfos más grandes, volver a caminar. Pero no ha sido fácil, porque ese toro le dejó secuelas que al día de hoy no ha podido borrar.

Octavio es renuente a tocar el tema, porque dice con firmeza “no quisiera que nadie, ni una sola persona sienta lástima por mí, para nada. Yo soy torero y esto por lo que atravieso son gajes propios de mi carrera”.

Su voz lo delata, no le gusta hablar sobre las lesiones que día a día le recuerdan lo difícil que es ser torero. Respira profundo, hace una pausa y como si le pusiera la muleta al toro para que le embista de largo, habla con el corazón en la mano: “ese toro de Querétaro me reventó los nervios que están a la altura del hueso sacro. Además me causó varias hernias”.

“De inicio no podía caminar. Ahora lo hago, pero me cuesta”, dice Octavio, quien reitera que “lo platico por primera vez porque creo que aceptar las cosas como son es parte de mi recuperación, pero no lo hago para que nadie sienta lástima por mí. Yo soy torero y así me moriré, torero”.

Con los nervios destrozados, funciones primarias que para cualquier persona serían “de mero trámite” para Octavio representan un esfuerzo superlativo.

Para poder desechar los líquidos de su cuerpo, el torero requiere la ayuda de una sonda que se pone y se quita para tales menesteres. Para poder realizar labores propias del cuerpo, el diestro queretano necesita, además de la sonda, medicamentos.

En sus circunstancias, cualquier otra persona habría declinado en su aspiración de ser torero, pero “El Payo” a diferencia del resto de los mortales se aferra a su sueño de llegar a ser primera figura de la tauromaquia.

“A raíz de este percance, los médicos me dijeron que probablemente los nervios se podrían recuperar al año, pero han pasado ya dos años y medio y yo sigo igual”.

LA REHABILITACIÓN

Octavio García hace una pausa. Y sí, es cierto lo que dijo, es muy transparente. Porque en esa pausa se aprecia que está haciendo un balance de su carrera profesional.

“Las cosas se me habían estado dando muy rápido y de alguna manera perdí el piso. Llegaron los percances y aunque conscientemente digo que no, tal vez esto de la sonda me ha afectado. Por eso mismo estoy recuperándome en todos los aspectos. En el físico estoy entrenando muy fuerte. Aunque desde lo de Madrid no he vuelto a vestir de luces, sí he estado toreando mucho a puerta cerrada”.

“Quiero agradecerle a todos los ganaderos su apoyo incondicional. Me han invitado al campo y me han permitido lidiar y matar toros a puerta cerrada.

“En lo mental estoy tomando terapia psicológica porque quiero recuperar la regularidad que tenía como torero y como persona.

“En lo religioso jamás me he separado de Dios, creo en él y considero que todo pasa por algo. Puedo decirte que me siento y estoy fuerte. No dejo de entrenar y de hacer ejercicio”.

GRANDEZA

“Muchas personas podrían pensar que estoy derrotado por todo lo que me ha pasado. Que no volvería a vestirme de luces, pero están equivocadas. El toreo es tan grande que aún pese a todo lo que puedas sufrir, no te cambias por nada ni por nadie”.

“Esto que estoy pasando no lo cambio, porque en contra parte sé lo que es cortar orejas en las plazas más importantes del mundo. He vibrado con los olés de la afición y eso es algo que muy pocas personas en el mundo entero pueden experimentar”.

“La fiesta brava es grande por eso, por la pasión que genera, por todo lo que te enseña no sólo como torero sino también como ser humano”.

¿VALE LA PENA?

Conforme transcurre la entrevista y tras conocer el calvario que vive todos los días hay una pregunta obligada, un cuestionamiento que seguramente le han hecho más personas y no sólo su hermano aquella noche en Madrid.

¿Vale la pena todo este esfuerzo? Octavio García, no lo piensa dos veces, al afirmar “por supuesto que sí. Hay quienes pueden pensar que tengo una vida económicamente holgada.

“La verdad es que lo que tengo me lo ha dado el toro. Mis papás hicieron un esfuerzo muy grande para que yo pudiera ir a escuela de paga, pero repito, hicieron un esfuerzo mayúsculo. Para nada soy de una familia acomodada”.

“Lo mucho o lo poco que tengo me lo ha dado el toro, me lo he ganado jugándome la vida en los ruedos.

“Desde que tenía nueve años de edad soñaba con ser torero. Hoy puedo decirte con orgullo que soy matador de toros y que no me cambio por nadie.

“En estos momentos estoy en el proceso de recuperarme a mí mismo como persona y como torero. No he bajado, ni bajaré la guardia. Seré torero hasta el último día de mi vida”.

RAFAEL HERRERÍAS

A la espera de que su administración le dé una fecha definitiva para que vuelva a vestir de luces, Octavio no deja de entrenar y afirma que tiene muchas metas por cumplir.

“Nada me haría más ilusión que encerrarme con seis toros en Querétaro que es mi tierra. Quiero volver a las plazas más importantes del mundo y demostrar que soy torero”.

Antes de dar por concluida la entrevista, el diestro quiso agradecer públicamente al doctor Rafael Herrerías Olea, empresario de la Plaza México, “aquella noche de Madrid, cuando yo estaba deshecho anímicamente, me dijo el empresario que no me preocupara. Que si yo quería podía inaugurar la próxima Temporada Grande.

“Estoy convencido de que me lo dijo para levantarme el ánimo, que lo hizo para que me diera cuenta que lo de Las Ventas había sido sólo un tropezón y que lo que marca la diferencia entre un hombre y un mediocre es levantarse tras caer.

“Quiero hacer público mi agradecimiento al empresario y decirle al empresario de todo corazón que ni a él ni a nadie de los que creen en ‘El Payo’ los voy a defraudar”.

Sea cual sea el destino que Dios le tenga deparado a este chaval de 23 años de edad, la próxima vez que a este reportero le toque verlo hacer el paseíllo le aplaudirá de pie, porque el esfuerzo que realiza no lo hace cualquier persona, sólo lo puede lograr un torero de verdad.