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Gracias Miguel, Raúl y Rafael por darnos ese ejemplo

Gracias Miguel, Raúl y Rafael por darnos ese ejemplo

Por MIGUEL ANGEL BOLIO

Tuve la fortuna y el placer, cuando menos a través del espacio cibernético y en vivo, el pasado Sábado de Gloria, 31 de marzo de 2018, de ver la corrida de toros nocturna en el bello coso “Jorge ‘Ranchero’ Aguilar” de la ciudad de Tlaxcala. En el cartel, tres sabios del toreo, auténticos ejemplos, con escuelas diferentes, pero con un mismo fin, ser y sentirse toreros con orgullo a sus más de 67 años de edad.

Me refiero a espadas que, en su época, fueron sensacionales novilleros y que por ello llegaron a la alternativa con todos los honores, haciendo cada uno de ellos meritorias y dignas carreras que no han parado y que ello quedó de manifiesto el reciente sábado.

El primero de ellos, el de mayor antigüedad, nacido en Apizaco, Tlaxcala, Miguel Villanueva; el segundo oriundo del otrora Distrito Federal, Raúl Ponce de León y, el tercero, originario de Tijuana, Baja California, y único espada gitano del país, Rafael Gil “Rafaelillo”, tres diestros que, a pesar del tiempo se han negado a colgar el terno de luces y que, con lo sucedido el famoso sábado reciente, han dado una clara muestra de que el torero siempre lo será hasta la sepultura, vamos, como los genios y las figuras.

Ese mismo tiempo inexorable colocó a esta tercia en Tlaxcala y fue ahí donde gracias a los taurinos del estado más pequeño del país pero con más ganaderías de reses bravas y muchos toreros, de tanto que acudían al campo de manera personal y por medio de las escuelas taurinas regionales derivó en el montaje de la llamada “Corrida de la Gloria” bajo el lema “El Viejo Romance y el Arte Puro se visten de luces”.

Posiblemente, muchos de los que acudieron a la plaza lo hicieron con algún morbo para ver cuánto duraban en el ruedo esos “toreros viejos”, pero fue tal la sorpresa que, como decía el maestro del toreo Manolo Cortés, de Gines (Sevilla), España, “cuando el toreo se tiene en la cabeza y en las muñecas se puede hacer todo”, y así lo demostró esta tercia torera que al comenzar el festejo envolvieron con su magia a toda la plaza llena de aficionados, incluido el campanario del ex convento franciscano, para meterlos en una cápsula del tiempo y llevarlos a través de su quehacer torero a épocas del toreo que ya se fueron y que no tienen nada que ver con las actuales.

Lo que ahí se vio y vivió fue intenso, emocionante y apasionado pues volver a ver a estos tres diestros vestidos de luces, ya no con las figuras estéticas de la juventud sino con el alma y el corazón bien firmes, que esos no envejecen, fue algo verdaderamente inconmensurable.

El resultado final del festejo fue lo de menos pues una vez concluida la especial función, el público contagiado por la magia de estos tres matadores de toros, que entre ellos suman más de 200 años de edad, bajó al ruedo e izó en hombros, como en los buenos tiempos, a sus tres ídolos. Y esas caras ajadas por el tiempo por un momento se rejuvenecieron y disfrutaron del calor y el aroma que da el triunfo de la vida.

Por ello, a ellos tres, a quienes conozco desde que eran novilleros y seguí sus carreras toreras, les quiero agradecer sinceramente por lo que le han dado a la Fiesta de los Toros y lo siguen haciendo. Gracias de verdad Miguel, Raúl y Rafael. ¡Enhorabuena a todos!