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‘Los milagros existen’: Vicente Ruiz ‘El Soro’

‘Los milagros existen’: Vicente Ruiz ‘El Soro’

BILBAO.- Formó parte de aquel ‘cartel maldito’ en Pozoblanco. Es el único sobreviviente pero su vida no ha sido ‘miel sobre hojuelas’. El diestro español Vicente Ruiz ‘El Soro’, que reapareció vestido de luces el pasado domingo en Játiva, tras veinte años fuera de los ruedos, casi cuarenta operaciones y con una pierna biónica, asegura que ‘los milagros existen’ y que él es ‘la prueba que lo demuestra’.

‘El Soro’, de 52 años, considera que con su reaparición demuestra que ‘el hombre es capaz de conseguir cualquier cosa cuando se lo propone’ porque él pasó ‘de estar en una silla de ruedas a salir a hombros de una plaza después de matar dos toros’.

El torero valenciano, que estuvo dos décadas sin torear tras una grave lesión de rodilla sufrida en la temporada de 1994, se sometió a un larga serie de intervenciones que desembocó hace dos años en la implantación de una compleja prótesis de titanio en su rodilla que le permite caminar pero redujo sensiblemente la extensión de su pierna izquierda.

‘Al despertarme a la mañana siguiente de la corrida -explica ‘El Soro’- pensé ya con calma que me ha merecido la pena todo este sacrificio. Con todo a la contra, con el ánimo por los suelos y con el cuerpo mutilado, he sido capaz de remontarlo todo a base de fe. Ese es el mensaje que quiero trasmitirle a la gente’.

Y con descarnada sinceridad añade: ‘Pero es que no solo he podido volver a torear. Lo más grande es que además he conseguido rehacer mi vida personal, en este caso con Eva, mi pareja actual, que ha sabido encauzarme y llevarme hasta aquí. Antes de que ella apareciera, mi vida era un desastre y yo era un montón de escombros en lo físico y en lo mental. Estaba destruido’.

‘Dice el tango -continúa- que veinte años no es nada, pero en mi caso han sido un desierto muy difícil de atravesar, veinte años muy largos y oscuros. De no haber sido por el amor a mi profesión y a mi familia, y por mi cabezonería de volver a torear, no hubiera sido capaz de superar esta durísima travesía’.

En cuanto a las sensaciones que tuvo en la plaza vestido nuevamente de luces, ‘El Soro’ valora sobre todo que su conexión con el público no se haya cortado, sino que siga habiendo un ‘cordón umbilical’ que le liga a la gente.

‘Desde que salí al paseíllo hasta que terminó la corrida, allí vibramos todos. Durante toda la tarde hubo momentos muy emocionantes y todo lo que pasó en el ruedo de Játiva fue muy ‘sorista’, es decir, que tuvo ese color y ese concepto del toreo mediterráneo y explosivo que siempre me caracterizó’, matiza.

‘Mentalmente -puntualiza el torero de Foios- estuve muy centrado, porque trabajé con sicólogos para controlar las emociones, para no bloquearme y poder estar lúcido para interpretar mi toreo. Y físicamente, que era la gran duda de la gente, también me encontré fenomenal, perfecto’.

Prueba de ello es que esa tarde ‘El Soro’ incluso banderilleó a sus dos toros , en el segundo alternando con sus compañeros de cartel, Daniel Luque y Román, lo que le hizo recordar las cientos de tardes de los años ochenta en que compartió ese tercio con Paquirri, Luis Francisco Esplá o Víctor Mendes.

Finalmente, ‘El Soro’ salió a hombros de la plaza tras cortar dos orejas, que pudieron haber sido alguna más de no fallar con la espada en el primero de su lote

 

‘Sí, fue una tarde antológica que voy a recordar como el día más feliz de mi vida, después de los del nacimiento de mis hijos’, sentencia el diestro valenciano.

‘Pero por encima de los recursos físicos, que evidentemente no son plenos -asume ‘El Soro’ con honestidad- contó más el oficio, esa técnica de torear que nunca se olvida. Por eso, después de una vuelta tan emotiva, ahora quiero ofrecer mucho más, la mejor imagen de un torero cuajado’.

Y anuncia: ‘voy a seguir toreando, y para eso me he hecho tres vestidos nuevos y dos capotes de paseo. Quiero escribir nuevas páginas en mi carrera por pura vocación’.

En ese sentido, la idea de ‘El Soro’ no es la de hacer una ‘temporada larga, pero sí torear algunas corridas esporádicas y acordes’ a sus circunstancias.

‘Y siempre, claro, con la mente puesta en volver a la plaza de Valencia en la feria de Fallas, con un cartel de figuras. Porque esa plaza -apostilla- lo ha sido todo para mí y yo he sido mucho para esa plaza’.

‘El ‘sorismo’, que fue una religión taurina en Valencia, sigue teniendo vigencia. En Játiva volvió a latir con fuerza y mucho ruido, en ese día en que se demostró que los milagros existen. Y yo fui la prueba’, puntualiza el legendario torero.