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‘Tomó mi sombrero, se lo quité y luego se aventó al ruedo’: MANOLO EL DE LOS SOMBREROS habla del espontáneo de la México

‘Tomó mi sombrero, se lo quité y luego se aventó al ruedo’: MANOLO EL DE LOS SOMBREROS habla del espontáneo de la México

José Manuel Rodríguez Jara, licenciado en administración de empresas, es conocido en el ambiente taurino como ‘Manolo el de los Sombreros’. La tarde de ayer en la Plaza México, le tocó vivir una escena poco habitual, tal vez irrepetible, cuando un espontáneo de la tercera edad se lanzó al ruedo y quería llevarse… uno de sus sombreros.

El famoso porrista recuerda esos momentos: ‘La novillada del domingo transcurría normalmente. Durante la lidia del quinto de la tarde un señor de la tercera edad, le calculo unos 75 años, bajó no sé de dónde. Nunca lo había visto. Se sentó al lado de unos señores que veían la novillada’.

‘Reitero que nunca había visto al señor, sin embargo, podría pensar que había sido torero porque era muy delgado y llevaba una boina torera. Tenía el tipo del que ha vestido de luces’.

‘Cuando estaba la lidia del sexto de la tarde se levantó de su asiento y pasó justo por mi barrera, donde dejo mis sombreros, que es en el techo de los toriles. Tomo mi sombrero y lo cubrió con el cuerpo para que yo no lo viera’.

‘Claro que inmediatamente me percaté de que lo había tomado y me paré para ir con él. ¿Qué hace con mi sombrero?, le pregunté y me dijo que no me preocupara que iba ir al baño y que lo devolvía en unos momentos. Es más, me dijo que si no me lo entregaba personalmente  me lo aventaría desde arriba, de los tendidos’.

‘Evidentemente le dije que no, que por que sólo se avientan los sombreros al torero que triunfa y me lo devolvió. El señor hablaba raro no sé si había tomado algo o no. En ese momento un amigo me preguntó por lo que sucedía y le expliqué’.

‘Al mismo tiempo el señor caminó por el techo de los toriles, que estaba resbaloso por la lluvia y de ahí se pasó al techito del palco de ganaderos, que fue de donde se aventó al ruedo. Quiso caer en las tablas para de ahí caer a la arena pero se resbaló y en cuanto cayó al ruedo se desmayó. El novillo se tocó pero no lo hirió. Pasó por encima de él y sólo le dio un pezuñazo’.

‘Una señora que había platicado con él minutos antes entró en shock porque no se imaginó lo que su vecino de asiento, que había llegado en el quinto de la tarde, haría minutos después. La señora repetía, dijo: Ahí va mi última faena, y se arrojó al ruedo’.

‘Ese espontáneo dejó en su lugar una maleta azul, que le entregamos a las personas de seguridad de la plaza para que se la hicieran llegar a la enfermería. Quizá ahí llevaba sus identificaciones. Fue algo muy raro, algo que nunca me había pasado en tantos años de asistir a las plazas de toros. Pasó al mi lado, tomó mi sombrero, se lo quité y se lanzó al ruedo. Jamás me habría imaginado lo que iba a hacer ese señor’, comenta ‘Manolo el de los Sombreros’.