COLUMNA ALTERNATIVA: EL TOREO ES DE GRANDEZA

El toreo es de grandeza

Por Gustavo Mares

 

En días recientes un torero dio a conocer su decisión de abandonar la profesión. En las redes sociales destacó las razones que le orillaron a lo anterior.

Tras leer los motivos que le llevaron a decir adiós, todos ellos absoluta y completamente respetables, vino a la mente de este reportero una improvisada entrevista de hace algunos meses, con el diestro en retiro Miguel Reyes ‘El Niño de Biafra’, torero labrado a la usanza antigua, un diestro ‘como los de antes’.

Nacido en el barrio de Santa Julia, en la colonia Anáhuac, Miguel Reyes es un hombre que empezó desde abajo y que por méritos propios hoy puede darle a su familia una vida sin los sobresaltos económicos que él padeció.

Su vocación es la de torero, no podía haber sido otra cosa. Basta verle caminar para comprobarlo.

Desde hace más de dos décadas, que este reportero comenzó a cubrir la fuente taurina, una de las historias que más me llamó la atención fue la de ‘El Niño de Biafra’, torero que era visita frecuente en las instalaciones del primer El Heraldo de México, en la colonia Doctores.

‘El Biafra’, como le reconocen algunos aficionados,  llevó siempre una carrera contra viento y marea en la que tocó puertas, sumó fechas e incluso toreó en Europa, pero siempre cuesta arriba.

Me fascinó saber que el diestro de la calle de Lago Cuitzeo, muy cerca de OVACIONES, se había ido a España en una aerolínea económica, ya desaparecida, y en el bolsillo apenas con lo equivalente a sesenta pesos de hoy. No más. Pero cruzó el ‘charco’ con una vocación inquebrantable.

Fue su carrera, desde el primero hasta el último día, una lucha muy dura, atroz, por ganarse un contrato y después, jugarse todo en una sola tarde para buscar la anhelada repetición. La ‘guerra’ diariamente.

Ya en el retiro, ‘El Niño de Biafra’, acompañaba a un ‘torero-empresario’, entonces en activo, que lidió a puerta cerrada un toro ‘hecho y derecho’ en la misma Plaza México. El diestro en cuestión no le pudo al toro o no le ‘quiso poder’ aventó la muleta y se fue al tiempo que Reyes, con el respeto y categoría de un torero, pidió la oportunidad de ‘darse las tres’.

La respuesta fue seca, ‘no embiste’. Reyes tomó la muleta, se puso en una distancia no fácil, citó al ‘morito’ y le pegó una tanda intensa, muy verdadera. No diré más.

Con el paso del tiempo, este reportero logró el privilegio de gozar de la amistad del matador de toros Miguel Reyes ‘El Niño de Biafra’ y fue que después de años, apenas en la pasada temporada de la Plaza México, cuando pude preguntarle por qué nunca ‘tiró el arpa’ y su respuesta fue contundente: ‘Porque ser torero es mi esencia, soy yo. Que me tocó el camino difícil en el que te cierran puertas o sufrir malos tratos, en fin tantas cosas, es cierto. Pero es parte de la profesión. Yo no puedo decir que tal empresa o tal torero me quitó. Estoy bien conmigo mismo porque siempre me entregué como torero. Si las empresas me contrataron o no, eso es otra cosa. Si no me dieron contratos fue quizá porque no les interesé. Así es este negocio. Pero el toreo es de grandeza. Un torero jamás puede andar causando tristezas o culpando a nadie’.

‘Así es el toreo y hoy puedo decirte que vivo tranquilo y feliz conmigo mismo. Ya no estoy en activo pero sigo entrenando y hago mucho ejercicio porque torero siempre lo voy a hacer, porque es mi esencia’.

Apenas anoche, aquella entrevista fortuita con ‘El Niño de Biafra’ vino a mi cabeza y también me hizo reflexionar. Son y serán siempre respetables las opiniones de todos y cada uno de los hombres que visten de luces, pero algunas opiniones como la del maestro Miguel Reyes ‘El Niño de Biafra’, matador de toros, son aleccionadoras.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué pasaría si en una campaña de doce festejos en tercia, 24 lugares fueran obligatorios para mexicanos y 12 para extranjeros, y pudieran utilizarse indistintamente en cada cartel hasta alcanzar la cifra pactada?