Hoy se cumplen 18 años de que Jesús Muñoz ‘El Ciego’ se nos adelantó en el paseíllo.
Recuerdo muy bien el primer contacto que tuve con el maestro. Cursaba la carrera de periodismo en la Escuela Carlos Septién García, donde Pablo Mijares Muñoz impartía cátedra.
Sabedor de mi pasión por la fiesta brava un día me llamó a su oficina para platicar de la fiesta brava. En lugar de comentar los habituales temas taurinos como podrían ser determinada faena o el momento por el que atraviesa un torero, me preguntó: ¿Conoces a El Ciego Muñoz? Respondí ‘no’ casi en automático. Aunque había leído de él en el libro Más Cornadas da el Hambre, no me había imaginado que ese personaje existía en la vida real.
Le marcó al Hotel Coliseo en el centro de la ciudad. ‘Maestro le paso una nota’, le comentó a ‘El Ciego’.
Mijares Muñoz, pariente de los ganaderos de Zacatepec, disertó largo y tendido de Jesús Muñoz.
Ese fue mi primer contacto –aunque de forma indirecta- con ‘El Ciego’ Muñoz.
Más adelante en la vida profesional tendría la gran fortuna de platicar todos los días con Jesús a quien se le identifica con la frase ‘a mi, mi luz’.
Tiempo más adelante tuve la fortuna de trabajar en El Heraldo de México, donde diariamente tenía contacto con Jesús Muñoz. Paulatinamente se forjó una amistad enriquecedora.
Hoy, cuando su partida cumple la mayoría de edad el dolor se mantiene como desde ese primer día hace 18 años. (Gustavo Mares)



