Ahora o nunca
Gustavo Mares
La reactivación taurina en la República Mexicana está tomando fuerza. Los escenarios más prestigiados del país anunciaron que abrirán sus puertas. Destacan los carteles de la Plaza México y El Nuevo Progreso de Guadalajara, los dos cosos taurinos más importantes de nuestro país.
Desde hace meses se esperaban noticias de estos dos inmuebles. Finalmente se corrió el velo de la incógnita.
A pesar de la pandemia los carteles son generosos. Claro que son pocos los lugares y no todos los toreros tuvieron cabida. Sin embargo es clara la intención de los organizadores: Fomentar el desarrollo de la baraja taurina de nuestro país.
La urgente necesidad de figuras mexicanas es evidente. Hay toreros muy buenos y con una técnica sólida, pero no tienen el imán taquillero que solían tener los matadores de toros con etiqueta de ‘figuras’ de hace no muchos años.
Agregue usted que en esta ‘descalada taurina’ muchos diestros de renombre se han dejado anunciar con encierros carentes de trapío en momentos en los que los aficionados se frotaban las manos con la ilusión de que, tras el parón obligado por la pandemia, en todos los escenarios de nuestro país salieran al ruedo toros ‘hechos y derechos’.
El momento que atraviesa la tauromaquia es crucial para su sobrevivencia y en las manos de los empresarios, así como de todos los participantes de una corrida de toros, está su porvenir.
Renglón aparte merece la afición, que durante muchos meses pidió por todos los medios que las grandes plazas abrieran sus puertas. Y como suele suceder, apenas aparecieron las combinaciones las opiniones se dividieron.
Muchas de las opiniones adversas gravitaron en los encierros a jugarse. De ahí, la importancia en cuanto a su trapío, pues sería un duro golpe al espectáculo taurino que en estos momentos de apremio el público se mostrara inconforme con la presencia del ganado.
También es fundamental la promoción, no sólo en los medios especializados, sino en otros medios ajenos al taurino.
Hace algunos días un torero de lo alto del escalafón, confesaba que los matadores de toros mexicanos ‘nos hemos dormido en nuestros laureles’ y han olvidado que la tauromaquia es un espectáculo público que requiere constante promoción, sobre todo en la época actual en la que hay un gran desconocimiento sobre el arte de lidiar reses bravas.
El diestro en cuestión tiene razón. Y hay un claro ejemplo que demuestra la importancia de la publicidad, el refresco de cola más famoso del mundo. El producto que ‘en teoría’ necesitaría menos publicidad es el que más invierte en ese rubro. Por algo será.
Tampoco es saludable que a la afición se le incumpla lo que se le promete como ha sucedido en varios escenarios. Todos esos detalles, aunque pudieran parecer mínimos, al final del día forman parte de un engranaje que se llama ‘fiesta brava mexicana’.
En lo que respecta a los toreros la lucha es descarnada. Aunque el arte no se puede medir, la época actual obliga a que todo se base en cifras por lo que el corte de orejas, de la forma que sea, es fundamental.
Ahora mismo no caben pretextos. Si los toreros no consiguen los trofeos, seguro que deberán volver a formarse en la fila… hasta atrás.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué importante periodista taurino, en plenitud física, pero labrado a la vieja usanza reporteril, ha decidido ‘cortarse la coleta’ de manera definitiva para recorrer nuevos horizontes?



