Despertó el monstruo
Gustavo Mares
La polémica se encendió en la escena taurina mexicana, después de que el pasado domingo en el coso El Nuevo Progreso de Guadalajara, el novillero ecuatoriano Juan Palacios ‘El Pantera’ cortó una oreja, luego de emocionante y heterodoxa actuación, que dividió opiniones.
Hasta antes de la presentación del sudamericano en el coso tapatío, uno de los más importantes de nuestro país, el tema recurrente entre taurinos es el cierre de la Plaza México, que este año no dará Temporada Grande porque el poder judicial extenderá hasta el último día todas las instancias.
Pero de repente en ‘Guanatos’, ‘El Pantera’ puso un sui géneris par de banderillas en el que saltó por encima del burel, justo como lo hacen los recortadores. El propio torero confesaría más tarde que su primer contacto con el ganado de casta fue durante una presentación emergente que hizo como recortador.
Los puristas criticaron muy fuerte la labor del torero de 25 años de edad; del otro lado, los aficionados eventuales o de nuevo cuño le aplaudieron su espectacularidad con los rehiletes.
Lo rescatable de todo esto es que la llama de la pasión se encendió gracias a un novillero, que rompió con la monotonía que suele haber en una plaza de toros.
La escena taurina de nuestro país es tan limitada hoy día, que bastó un salto para despertar al ‘monstruo de las mil cabezas’.
El toreo tiene su esencia en la emoción de ver a un hombre jugarse la vida con una res brava. Después vendrá el arte, si es que surge. Pero primero es la adrenalina que surge cuando otro ser humano está en peligro de muerte.
La tauromaquia tiene sus orígenes en las guerras entre moros y cristianos. Los nobles entrenaban alanceando toros a caballo, muy al estilo del ‘Cid Campeador’.
Tras la conclusión de la guerra y una vez que los nobles dejaron de entrenar a caballo, fue el pueblo en general, que a pie ayudaba a los aristócratas a prepararse, que adoptó esta actividad.
Antes de que surgieran los toreros con alternativa era cualquier persona del pueblo la que buscaba llamar la atención delante del toro bravo al que se le preparaba exclusivamente para su muerte. No se le toreaba con la quietud de hoy día y todo gravitaba en la emoción de la estocada además de sus preparativos.
La manera en que ‘El Pantera’ colocó banderillas rompió los cánones y tiene diversas lecturas según el punto de vista: le ‘faltó al respeto’ a las costumbres que rigen hoy día el espectáculo taurino, pero de ninguna manera violó el reglamento porque no le impide cubrir de esa forma el segundo tercio.
La gran ventaja del ecuatoriano es que el hecho de ser novillero le permite buscar su estilo propio y experimentar. En entrevista aseguró que no pasará toda su carrera ‘dando brincos’. A él le gusta el camino del arte, pero para poder sumar fechas debe triunfar y crear la necesidad de su contratación.
En México lo apodera Pablo Moreno, quien llevó en nuestro país la carrera del andino Andrés Roca Rey; del otro lado del Atlántico, Palacios cuenta con el apoyo de uno de los más grandes toreros que registra la tauromaquia: José Miguel Arroyo ‘Joselito’, quien le ha abierto las puertas de su casa. Algo le habrá visto.
Hacía mucho tiempo que un torero no se hacía notar por romper las normas. Pero la historia registra muchos casos, algunos de toreros que se consolidaron como grandes figuras, como aquel español que hacía ‘el salto de la rana’.
Sólo el destino sabe qué le tiene deparado a ‘El Pantera’, pero por lo pronto, este ecuatoriano rompió la monotonía de una tarde cualquiera.
Lo interesante de todo esto es que triunfó en Guadalajara, donde sale ganado muy serio y donde nadie regala nada.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Para qué queremos que todos toreen igual?



