CIERRAN FILAS
Por Gustavo Mares
La Asociación Nacional de Matadores, con Francisco Dóddoli al frente, y Asociación Nacional de Picadores y Banderilleros, que tiene al varilarguero César Morales como secretario general, firmaron un acuerdo de colaboración. Aunque apenas lo signaron ayer, el tema estaba arreglado desde hace algunos días, pues primero se tuvieron que reformar algunas cláusulas.
La cláusula más importante para el desarrollo del espectáculo taurino es la que permite a cualquier miembro de la Asociación Nacional de Matadores armar su cuadrilla con los elementos que considere pertinentes sin importar el sindicato al que representan.
Y es que además de la Asociación Nacional de Picadores y Banderilleros, afiliada a la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) con el empresario y ganadero Pedro Haces Barba como titular, existe la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros.
La Asociación Nacional de Picadores y Banderilleros tiene su orígen en un sindicato de subalternos con sede en la blanca Mérida. Esta agrupación es casi tan añeja como la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, sin embargo, poca relevancia tenía en el centro y norte de nuestro país, hasta que cerró filas con CATEM y cambió de nombre.
Con el apoyo de Haces Barba este ‘relanzado’ sindicato taurino comenzó a cobrar notoriedad. Al mismo tiempo, la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros mostró su malestar, porque quitaba puestos a sus agremiados.
Aunque los monopolios en nuestro país están prohibidos, la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros llegó a tener tal fuerza, que no permitía el paso de otros organismos afines. Aunque hubo algunos intentos por posicionar otro sindicato de subaltenos no pasaba a mayores.
Hubo una época en la que la Unión, que tiene su sede en la colonia Roma, era el sindicato más fuerte entre los profesionales taurinos. Pero los tiempos cambian.
La competencia siempre es sana. El hecho de que un matador de toros, novillero o rejoneador pueda armar su cuadrilla con elementos de ambas agrupaciones de subalternos será benéfico para la tauromaquia, que debe encontrar urgentemente fórmulas que hagan del toreo un espectáculo emocionante en cada uno de sus tercios.
Qué interesante sería ver en una misma cuadrilla a dos varilargueros de agrupaciones distintas pelearse las palmas delante del toro o ver a rehileteros ‘rivales’ lucirse para ser superior al compañero.
Lo que es lamentable es que en lugar de dirimir estas rivalidades en el ruedo, durante todo este proceso en más de una ocasión elementos de ambos organismos se han lidiado a golpes con lo que nada se soluciona.
La suerte de varas, así como la de banderillas, son emocionantes cuando se llevan a cabo con el corazón por delante y no con la finalidad de cubrir con un requisito.
Hoy día para los nuevos aficionados la labor de picadores y banderilleros es sólo trámite. Sin embargo, cuando estas suertes se hacen con pasión emocionan fuerte a los tendidos. En la década de los noventa, durante una Corrida por la Oreja de Oro en la México, el gran banderillero Alfredo Acosta pegó un soberbio par que hizo que la afición pidiera para él el áureo trofeo, después de que los diestros anunciados se fueron de vacío. No le dieron el premio, pero se llevó el reconocimiento de los aficionados, que le aplaudieron a rabiar.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Quién ganará la apuesta que hicieron Juan Luis Silis y Manolo Juárez respecto al festejo sabatino en La Florecita?



