Columna Alternativa: ‘Caprichos políticos’

‘Caprichos políticos’

Por Gustavo Mares

Hace apenas unos días el diestro madrileño Julián López ‘El Juli’ dijo adiós a la profesión. Su última tarde tuvo verificativo en la Real Maestranza de Sevilla, donde brindó el penúltimo astado de su carrera a nuestro país. Lo hizo a través de las cámaras de televisión. Un brindis, que de haberse hecho en otra época habría tomado gran repercusión mediática, aún sin internet.
‘Quiero brindar este toro a la afición mexicana, que por caprichos políticos no me he podido despedir de la afición de la México’.
‘Quiero agradecerle todo lo que me ha dado, porque me ha hecho sentir como en casa y porque quiero mucho a México’, compartió el madrileño a la televisión.
El torero que llegó a la Ciudad de México aún niño se convirtió en un torero de época. Quizá el más importante por encima de todos los demás del máximo escalafón a nivel internacional.
Pero los tiempos cambian y la tecnología ha hecho que la capacidad de asombro de las personas sea distinta hasta los años en los que no existía internet. Ahora mismo, son más los medios electrónicos que impresos en el mundo. Pero también hay algo que hace diferencia entre estos dos medios: la preparación periodística entre ambos.
A este reportero le tocó la recta final de la época dorada del periodismo, cuando todos los diarios de información general y deportiva, tenían una sección taurina diaria con periodistas altamente capacitados y de ‘todas las creencias’.
Si el brindis de Julián López Escobar se hubiera hecho en aquellas épocas, sus palabras habrían tenido gran repercusión mediática importante. Pero ahora, cuando hay muchos medios en redes ‘especializados’ en el tema taurino, esa penúltima dedicatoria de su vida como profesional pasó inédita.
Incluso a los profesionales del medio taurino mexicano les ‘pasó de noche’ los beneficios que esas palabras pudieran reportarles en la lucha que sostienen contra las huestes prohibicionistas, porque no las hizo un torero más, las hizo uno de los últimos toreros de leyenda.
Hace poco, hubo oportunidad de intercambiar conceptos con el empresario Rafael Herrerías, quien es el que más festejos taurinos ha dado en la historia de la Plaza México. Alejado de los reflectores no niega la ‘cruz de su parroquia’ y está enterado de la actualidad taurina.
‘Por eso me chocan los periodistas. A mí me cae muy gordo El Juli, pero reconozco que es un torero de época. Sus palabras pasaron inéditas para la mayoría’, señaló el empresario.
Reportero sin suerte, no es reportero y surgió la pregunta: ¿Quién le ha aportado más a la fiesta brava mundial, Julián o José Tomás?
‘Es obvio que Julián que jaló todo este tiempo la carreta; el otro es un negociante que torea una vez al año, pero que no le da a la fiesta brava’, comentó con el clásico acento que le caracteriza. Fue una plática fugaz, pero sustanciosa.
Y no está alejado de la realidad, porque hace no mucho, el madrileño de Galapagar apareció promoviendo un evento altruista, nada taurino, pero los medios electrónicos de la fuente ‘taurófila’ lo convirtieron en tendencia.
Muchos de los diestros que hoy dominan la escena taurina en México y el extranjero tomaron la decisión de vestir de luces por la gran admiración a Julián López Escobar.
La vida de ‘El Juli’ parece una novela taurina. De origen humilde, con madre costurera y padre que quiso ser torero, llegó a México aún niño, porque allá la ley no le permitía torear. Aquí se consolidó y tomó la alternativa en Francia. Triunfos en las plazas más importantes del mundo y serias cornadas lo pusieron ‘en los cuernos de la luna’.
En lo personal, cuando llegó el momento contrajo matrimonio con Rosario Domecq Márquez; sí, una Domecq.
Termina una época importante para el toreo mundial. Hay quienes señalan que en algún futuro Julián podría reaparecer como rejoneador. Por lo pronto, el maestro de talla internacional deja un hueco imposible de llenar en todos los carteles del orbe.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Por qué Julián, que se forjó aquí se hizo figura de talla internacional y los nuestros, no?