Columna ¿La fiesta en Paz?:  El añejo desperdicio de generaciones de toreros

 El añejo desperdicio de generaciones de toreros

Por Leonardo Páez

Con el apoyo del gobierno estatal y la Secretaría de Cultura y la coordinación de Alejandra Carvajal González, el pasado viernes se llevó a cabo en el Centro de las Artes de Tlaxcala, en Apizaco, un sentido homenaje al matador de toros Miguel Villanueva con motivo de sus 60 años de torero, en el que con la conducción del cronista Jaime Oaxaca participaron el ganadero Vicente de Haro, los periodistas Horacio Reiba y Álvaro Sánchez y el disgustado Páez. Hubo también una elocuente exposición fotográfica del archivo del diestro que ahondó aún más la interrogante: ¿por qué un torero tan fino y apuesto como Miguel no trascendió?

Comparto algunos de los conceptos que externé en el mencionado evento, que registró un lleno impresionante: “Debo aludir al penoso entorno que entonces arrastraba −y sigue arrastrando− el sistema taurino mexicano en el transcurso de los recientes 50 años, sin que se logre entender la enorme diferencia entre organizar una industria y orquestar una fiesta para los cuates”.

“¿Qué sostiene al sistema taurino mexicano del pasado medio siglo? Las carcomidas columnas de la ignorancia y la mezquindad, apuntaladas por la gente más opulenta pero carente de grandeza, capaz a lo sumo de confundir taurinismo con exhibicionismo y la promoción de la fiesta de los toros con el despliegue de su acomplejada egolatría y enorme torpeza empresarial.

“Más lamentable que la escasez de apoderados en México es la falta de empresarios con visión de futuro, sensibilidad y rigor de resultados. Con el doctor Alfonso Gaona en la Plaza México, el desperdicio de diestros de probado potencial fue tan enorme como imperdonable al ceder a las presiones y utilidades de Manolo, Eloy y Curro en vez de brindar un oportuno apoyo a jóvenes con imán de taquilla capaces de tomar el inevitable relevo generacional.

“Como cereza en ese pastel que intoxica y harta a los mansos gremios taurinos y a la indefensa afición, en 2016 reaparece en escena, como relevo salvífico, el voluntarioso Alberto Bailleres, ahora a través de su hijo Juan Pablo, de su asesor el sevillano Antonio Barrera, otro torero resentido, y de un grupo de especialistas que lograron lo que parecía imposible: ¡hacer las cosas peor de lo que las habían hecho sus antecesores! Mientras tanto, Antonio Cosío, heredero y actual propietario del coso de Insurgentes, renegocia su renta anual, lo único que ha sabido hacer con el inmenso y mal aprovechado inmueble.

“En este medio siglo de claudicaciones y negligencias de las sucesivas empresas de la Plaza México, otro factor determinante han sido los gobiernos federal y de la Ciudad de México y los titulares de la alcaldía Benito Juárez, incluido el panista Santiago Taboada, alegre aspirante a jefe de gobierno de la capital y una de las cabezas del llamado cartel inmobiliario que, en despliegue de oportunismo, ahora se declaró antitaurino.

Además de un joven bien parecido nada zalamero con el medio taurino, del implacable mangoneo de Manolo Martínez y de la negligencia del empresario Gaona, Miguel Villanueva, un torero naturalmente clásico, de templada profundidad, elegante y fino, con presencia y personalidad de sobra, no se convirtió en figura después de haberlo sido de la novillería y protagonizar, con Raúl Ponce de León, la temporada novilleril más apasionante del pasado medio siglo en la Plaza México, hoy plaza muerta, como la bautizara hace años Lumbrera Chico.

Y el remate: Apreciado matador Miguel Villanueva, gracias por haber demostrado con tu magnífico sello, tu enorme clase y tu expresiva naturalidad delante de los toros, que la mejor tradición taurina de México se nutre de sus hombres, no de los que sólo saben importar figuras.