Columna El Viejo Gruñón: ¿Dónde Están los Grandes Toreros Mexicanos? La Verdadera Razón de su Ausencia

¿Dónde Están los Grandes Toreros Mexicanos? La Verdadera Razón de su Ausencia

Por El Viejo Gruñón

 

Hoy  me siento aquí, en mi rincón polvoriento, con el peso de una pregunta que ha estado rondando como un toro bravo en mi mente: ¿Por qué no hay una gran figura del toreo en México hoy en día? Ah, cómo duele formular esta pregunta, pero es necesario enfrentar la realidad con la dureza de un capote bien plantado. Vamos a desentrañar esta maraña con la franqueza de siempre.

La pasión por la tauromaquia, antaño vibrante y ardiente, se ha ido apagando como una vela en medio de una tormenta. En tiempos pasados, nombres como Rodolfo Gaona, Carlos Arruza y Manuel Capetillo no solo brillaron en el ruedo, sino que también encarnaron el espíritu de una nación. Esos tiempos parecen lejanos, casi irreales, en comparación con la situación actual. La modernidad ha llegado como un huracán, arrancando de raíz muchas de nuestras tradiciones más queridas, y la tauromaquia no ha sido la excepción.

No es solo la modernidad la que nos ha robado nuestra grandeza taurina. La política y la economía también han jugado su papel. Las suspensiones intermitentes de las corridas de toros, dictadas por jueces y políticos ansiosos de ganar puntos con las sensibilidades modernas, han dejado al toreo en un estado de limbo constante. ¿Cómo puede florecer un arte cuando se le corta las alas cada vez que intenta volar? Esta inestabilidad no solo desalienta a los jóvenes toreros, sino que también ahuyenta la inversión y el apoyo necesarios para que la tauromaquia prospere.

Otra estocada al corazón del toreo mexicano ha sido la falta de apoyo institucional y la ausencia de academias taurinas robustas. En otros tiempos, los jóvenes toreros se forjaban en plazas pequeñas como La Florecita, templos del arte taurino que ahora se desvanecen bajo el peso del desarrollo urbano. Sin un lugar donde aprender y perfeccionar su arte, nuestros jóvenes talentos están condenados antes de siquiera empezar.

No podemos ignorar la evolución del público y sus gustos. Para muchos jóvenes, la tauromaquia es vista como una reliquia de tiempos pasados, una tradición que no resuena con sus sensibilidades actuales. La falta de comprensión y el rechazo abierto han creado un ambiente hostil para el florecimiento de nuevos toreros.

También están las comparaciones injustas con los íconos del pasado. La sombra de figuras legendarias como «El Califa de León» o «El Calesero» es larga y pesada. Esperar que cada nuevo torero alcance inmediatamente esas alturas es no solo injusto, sino también desalentador para quienes buscan labrarse su propio camino. Estas expectativas desmesuradas ahogan el crecimiento y sofocan el espíritu de innovación.

Entonces, ¿Qué hace falta para que surja una nueva figura del toreo en México? Necesitamos una renovación del espíritu taurino, un compromiso renovado con la formación de nuevos talentos y un entorno político y económico que no solo tolere, sino que celebre la tauromaquia. Necesitamos también un público dispuesto a redescubrir la belleza y el arte detrás de cada pase y cada estocada. La tauromaquia en México está en una encrucijada, y es nuestro deber, tanto de aficionados como de cronistas, defenderla con la pasión y el respeto que merece. No basta con lamentar la ausencia de grandes figuras; debemos ser parte activa de su resurgimiento. Que las plazas de toros vuelvan a resonar con el eco de los clarines y que una nueva generación de toreros se levante, no solo para enfrentar a los toros, sino para desafiar el olvido y la desidia.

Mientras enfrentamos estos desafíos, es crucial que recordemos la esencia de lo que hace grande a un torero: su valentía, su arte y su conexión con la tradición. No podemos esperar que surjan grandes figuras si no estamos dispuestos a apoyar a los jóvenes talentos, a crear un ambiente en el que puedan florecer. Debemos luchar por mantener viva la llama de la tauromaquia, por educar a las nuevas generaciones sobre su valor cultural y artístico, y por defenderla de aquellos que buscan extinguirla.

Y ustedes, queridos lectores, ¿Qué piensan? ¿Dónde está la chispa que encenderá la próxima estrella del toreo mexicano? ¿Estamos listos para apoyar y celebrar el renacimiento de nuestra fiesta brava? Que viva la tauromaquia y que resuene con fuerza en el corazón de México. Que cada paseíllo sea un recordatorio de nuestra rica herencia, y que cada estocada sea un grito de resistencia contra el olvido y la indiferencia.

El ruedo está listo, los toros están esperando. Solo falta que nosotros, la afición, tomemos nuestro lugar en esta gran corrida de la vida. ¡Olé!