Columna ¿La Fiesta en Paz? De Aguascalientes a Andalucía, pasando por el asombro y las coincidencias

De Aguascalientes a Andalucía, pasando por el asombro y las coincidencias

Por Leonardo Páez

Breve digresión obligada. Inexcusable, el caso del futbol profesional en México, donde unos cuantos poderosos, intocados por la autoridá, hacen grandes negocios a costa de una sociedad esperanzada en dejar de ser perdedora en materia futbolística, sin que crítica especializada ni dueños pongan un hasta aquí al mediocre y añejo desempeño de clubes y selecciones. Lo que no miden autoridades omisas ni estos millonarios amateurs del balompié y sus marionetas es la bomba de tiempo que representa en el ánimo de la sociedad repetir la versión de derrotados una y otra vez. La nuestra es una sociedad donde no abunda precisamente el pan y escasea el circo de calidad. ¿Habrá posibilidades de poner orden en el futbol profesional de México o es otro tema tabú?

“En la Maestranza de Sevilla pude constatar que, no obstante el incremento de un público aplaudidor, asiste también mucho aficionado francés conocedor y exigente –comienza la médico veterinaria zootecnista y comunicadora taurina Guadalupe Martín del Campo, oriunda de Aguascalientes–, así como una banda de música de auténtico lujo y su incomparable albero brillante, y añade: mi maestra de flamenco, Zambra Contreras, tiene una hermana en Andalucía y pudimos ir juntas. Le pedí que fuera mi guía y recorrimos las ciudades de manera diferente, menos turística. Flamenco y caballos son mi pasión por lo que en Jerez y Sevilla me llené de ambos.”

“En Semana Santa llovió a cántaros, por lo que no salieron las imágenes de la Macarena ni la de la Esperanza, de Triana, pero sí otros pasos y otros palios, que me hicieron sentir en esas procesiones como si hubiera recorrido siglos. Saetas y costaleros me transmitieron una humanidad y una devoción que no se ve en otro lado. Si uno mira de lejos, parece que la virgen va caminando entre aromas de incienso y azar. Hasta los agnósticos dan paso a un fervor ineludible.

“Pude asistir a la corrida del domingo de Resurrección. A Morante los sevillanos le toleran todo, en cambio a Roca Rey le caen encima por sus diferencias con Luque. Comprobé en esa plaza un ambiente solemne y suntuoso, con la gente muy bien vestida y gran respeto por la suerte de varas. Otra corrida que vi fue la de los victorinos, pareja de presentación y con transmisión, con un Borja Jiménez cada día más solvente, un Escribano con una casta torera para dar y prestar y un Roca Rey entregado pero, repito, ahora visceralmente censurado.

“En Andalucía rencontré costumbres y afinidades con nosotros, una manera de vivir muy cercana a la nuestra, así como tablaos no de turistas sino de habitantes de las localidades o citadinos tocando y cantando en la calle por gusto, no pedigüeños. Hay mucho migrante. En sitios no turísticos la comida no es tan cara, a diferencia de lo que cuesta entrar a templos y museos. El transporte público es barato y se usa más diésel que gasolina.

“La crianza de cualquier especie exige vocación y pasión como base. En el ganadero de bravo esto debe ser exponencial cuando esa crianza la lleva con verdad, pues su finalidad es producir bravura, que no se mide en kilos o litros, sino en la emoción que transmita su embestida. La bravura, sobre todas las cosas, debe ser la finalidad de la crianza del ganado de lidia, porque es el elemento que le da sentido, valor y distinción a la tauromaquia al brindar al espectador emoción y sublimación de los sentidos. No se tienen bases para afirmar que el toro en la plaza ‘sufre’, ya que a diferencia del humano no tiene conciencia del dolor. En el caso del toro de lidia su fisiología posee mecanismos que contrarrestan el dolor”, remata airosa Guadalupe, a pesar de haberle cambiado el viaje.