Columna ALTERNATIVA: Ellos no son culpables

Ellos no son culpables

Por Gustavo Mares

 

Con más pena que gloria terminó el serial de novilladas que se llevó a cabo en la Plaza México. En los pocos medios que al día de hoy cubren la fuente taurina se criticó con dureza a los novilleros, pero son ellos los menos culpables.

El sistema taurino actual dificulta la creación de nuevos valores en la tauromaquia. El ritmo de vida obliga a la inmediatez casi en todos los ámbitos de la vida, incluido el relacionado a la fiesta brava.

A los empresarios les resulta menos riesgoso programar corridas de toros que novilladas, pues de alguna manera, los toreros con alternativa tienen más nombre que los chavales que apenas comienzan.

El resultado se nota inmediatamente en la taquilla, aunque no siempre es garantía de éxito. Pero imagine usted, que si es difícil vender boletos para ver la actuación de un matador de toros es todavía más complicado hacerlo para atestiguar la labor de algún novillero.

De esta forma, muchos organizadores eventuales, dan prioridad a las corridas de toros.

Para no ir tan lejos, hasta hace no mucho tiempo era habitual que en enero se llevara a cabo un festejo menor en la mexiquense Fábrica María, pero desde hace algunos años en los carteles aparecen toreros con alternativa.

Paulatinamente las oportunidades para los novilleros han ido escaseando. Hace alrededor de veinte años, la edad que tienen hoy los pocos chavales que buscan fortuna en los ruedos, existía en Puerto Vallarta la Plaza La Paloma, que ‘religiosamente’ daba funciones novilleriles los miércoles. Los empresarios aprovechaban los  barcos llenos de extranjeros que arribaban justo ese día.

En esas épocas la oferta novilleril era abundante. Hubo algún momento que incluso se transmitieron los festejos menores. Durante varios sábados la televisión por cable emitía las funciones de mediodía en la Plaza Arroyo, al sur de la Ciudad de México, y por la tarde hacía lo propio con los festejos de la Plaza Gabriel de la Torre en Atizapán.

Era otro tiempo pero el ambiente taurino era positivo. 

Desafortunadamente los profesionales taurinos fueron incapaces de cuidar la ‘gallina de los huevos de oro’ y paulatinamente dejaron escapar a los aficionados que tenían cautivos.

Hogaño resulta lamentable que la Plaza México presenta flojas entradas. En cuanto a lo que acontece en el ruedo no existe un culpable específico. Es el sistema con el que se maneja la tauromaquia mexicana lo que impide el surgimiento de toreros de nuevo cuño.

Sólo aquellos novilleros que tienen la posibilidad de cruzar el Atlántico han sido los mejor librados durante el duro examen que representa presentarse en el coso taurino más grande del mundo. El resto, como buenamente pueden, cumplen con decoro la papeleta, pero les falta oficio y experiencia, que únicamente se adquieren con la práctica delante del de negro.

Hace poco, el maestro tlaxcalteca Uriel Moreno ‘El Zapata’ comentaba que los toreros no tienen un valor superior al resto de los seres humanos, sino que son etólogos, es decir expertos en el comportamiento animal. ‘Cuando conoces sus actitudes y los entiendes, comprendes qué es lo que tienes que realizar como torero. Aunque el valor es importante, pasa a un segundo término con el conocimiento del toro bravo’, compartió el tlaxcalteca. 

De continuar esta tendencia, en unos años no habrá tauromaquia en nuestro país, o al menos, no con toreros nacidos en suelo azteca. Y si no, al tiempo.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Actuará Enrique Ponce el 5 de febrero en la México?