Grandiosa Gala Taurina a Caballo

TEXTO Y FOTO: ÁNGEL SAINOS

Encabezada por el caballista español Andy Cartagena, el Cortijo Santa Clara en Valle de Bravo, Estado de México, fue el escenario en el que se llevó a cabo una emocionante Gala de Rejoneo en la que todos los participantes saltaron al ruedo con ganas de pelearse las palmas, lo que el público, que hizo una gran entrada, les aplaudió con fuerza.

Se lidiaron cuatro toros de Marrón, bien presentados y buenos en términos generales. Los bureles fueron bravos y nobles. Su acometividad permitió el lucimiento de los actuantes, que a la postre saldrían a hombros entre gritos de ‘toreros, toreros’.

Del encierro guanajuatense destacó el primero de la función, cuyos restos merecieron los honores del arrastre lento.

Abrió plaza el caballista de Benidorm, que logró encelar con prontitud al burel. Se lució en el segundo tercio. Demostró un gran conocimiento de los terrenos, pero sobre todo de la lidia del ganado mexicano. Certero con el rejón de muerte, que no hoja de peral pues fue proscrita hace muchos años, cortó las dos orejas.

El mexicano Fauro Aloi no se dejó ganar la pelea. Con el segundo de la función se lució con espectaculares giros y piruetas a milímetros de los pitones.

Siempre entregando el pecho de la cabalgadura en cada suerte, el jinete capitalino cosechó dos trofeos.

El rejoneador amador, es decir sin alternativa, Marco Bastida, estuvo a la altura de las circunstancias y no se arredró a pesar de que los dos notables rejoneadores se le habían ido por delante en la concesión de trofeos. Esforzado cortó dos valiosos apéndices.

Se lidió un cuarto toro. Fue por colleras entre Andy Cartagena y Fauro  Aloi. El maestro en el retiro Giovanni Aloi fue invitado a colocar un par de banderillas, lo mismo que el rejoneador anfitrión.

Firmaron emocionantes actuaciones los grupos de Forcados Amadores de México y San Luis, que tras una tarde de mucho valor con grandes pegas escucharon cerradas ovaciones.

Antes y después del festejo, los asistentes disfrutaron de una tarde llena de buena música, exquisita comida y bebida, pero sobre todo de un ambiente de amistad y señorío, que desafortunadamente se ha ido perdiendo en la fiesta brava.