Alfonso Ramírez Alonso, mejor conocido como “El Calesero” o “El Poeta del Toreo”, es una de las figuras más emblemáticas en la historia de la tauromaquia mexicana y uno de los primeros toreros nacidos en Aguascalientes. Nacido el 11 de agosto de 1914, su vínculo con el toreo comenzó desde muy joven, debutando como becerrista el 9 de agosto de 1927 en su ciudad natal, donde alternó con Rodrigo Valle lidiando ejemplares de la ganadería Peñuelas. Desde ese momento, su estilo elegante y artístico empezó a distinguirlo.
El 23 de abril de 1933 se vistió de luces por primera vez, marcando oficialmente su camino profesional en los ruedos. Solo unos días después, el 1 de mayo del mismo año, se presentó en la legendaria Plaza de Toros El Toreo de la Condesa en la Ciudad de México. Aquel día compartió cartel con figuras como Manuel Jiménez “Chicuelín”, Carlos Segura, Manuel Cervantes, Ángel Gómez “El Gato” y Luis Martínez, en una jornada que lo consolidó como una joven promesa del toreo.
Su alternativa como matador de toros llegó el 24 de diciembre de 1939, también en El Toreo de la Condesa. Lorenzo Garza fue el padrino de ceremonia, acompañado por David Liceaga como testigo, lidiando toros de la prestigiosa ganadería San Mateo. El toro de su alternativa se llamó “Perdiguero”, y con él, El Calesero se ganó un lugar entre los grandes del toreo nacional.
TORERO-TOROS-TAUROMAQUIA
La confirmación de su alternativa en España se realizó el 30 de mayo de 1946 en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid, un escenario reservado sólo para los grandes. En aquella tarde fue apadrinado por Pepe Luis Vázquez, con Pepín Martín Vázquez como testigo, enfrentando a un toro de la ganadería Sánchez Cobaleda de nombre “Cejudo”. Con esta corrida, El Calesero consolidó su prestigio a nivel internacional.
Alfonso Ramírez “El Calesero” falleció en la Ciudad de México el 8 de septiembre de 2002, dejando un legado imborrable en la tauromaquia mexicana. Su apodo de “El Poeta del Toreo” no fue gratuito: su estilo refinado, artístico y profundamente ligado a la tradición taurina, marcó una época y sentó las bases para que Aguascalientes se consolidara como una de las cunas del toreo en el país.



