Columna El Viejo Gruñón: La México cerrada, golpe mortal a la tauromaquia

La tauromaquia, esa expresión cultural y artística arraigada en la historia de México, enfrenta hoy uno de los desafíos más graves de su existencia: el cierre indefinido de la Plaza México, el coso más emblemático del país. Esta prohibición, que muchos califican de velada, no solo afecta a la Ciudad de México, sino que reverbera como un eco devastador en toda la tauromaquia nacional, poniendo en riesgo una tradición que es parte del alma de nuestra identidad.

La Plaza México, con sus 78 años de historia, no es solo un recinto; es el corazón de la Fiesta Brava en México, un espacio donde se han forjado leyendas, donde matadores, ganaderos y aficionados han tejido una narrativa de valor, arte y pasión. Su cierre, impulsado por decisiones judiciales y presiones de grupos antitaurinos, representa un agravio no solo a los profesionales del toreo, sino a los miles de trabajadores —taquilleros, vendedores, artesanos, transportistas— cuya subsistencia depende de esta actividad. ¿Qué será de ellos si la plaza insignia permanece clausurada?

El daño trasciende lo económico. La tauromaquia es un pilar cultural que dialoga con nuestra historia, nuestra gastronomía, nuestra música y nuestra identidad. Cerrar la Plaza México es como apagar la luz de un faro que guía a las plazas de provincia, a los ganaderos que crían toros bravos y a los toreros que sueñan con triunfar en el ruedo más importante de América. Sin este epicentro, las ferias regionales pierden fuerza, las ganaderías enfrentan incertidumbre y los jóvenes matadores se quedan sin un escaparate clave para mostrar su arte. Es un efecto dominó que amenaza con derrumbar la estructura misma de la Fiesta Brava en México.

No se trata solo de un ataque a la tauromaquia, sino a la libertad de elección. Los antitaurinos, amparados en argumentos emocionales, buscan imponer su visión, ignorando que la tauromaquia es una manifestación cultural reconocida por la UNESCO y protegida en diversas legislaciones. Si cedemos ante estas prohibiciones veladas, sentamos un precedente peligroso: cualquier tradición, desde las danzas indígenas hasta las festividades populares, podría ser silenciada bajo el pretexto de una supuesta «modernidad».

Es hora de que los taurinos alcemos la voz. La Plaza México no puede seguir cerrada por caprichos o presiones políticas. Exijamos claridad, respeto a la legalidad y el derecho a disfrutar de nuestra cultura. La tauromaquia no es solo un espectáculo; es un legado que merece defenderse con inteligencia, unidad y pasión. Si no luchamos por reabrir la Monumental, el daño no solo será para la Fiesta Brava, sino para la diversidad cultural de México. La pregunta es: ¿permitiremos que apaguen nuestra tradición?