La Tauromaquia Mexicana: Un Tesoro que Necesita Nuevos Héroes
POR EL VIEJO GRUÑÓN
En México, la tauromaquia es mucho más que un espectáculo; es un pilar cultural que ha forjado identidades y narrado historias de valor, arte y tradición durante siglos. Sin embargo, en este 2025, la fiesta brava enfrenta retos que exigen una mirada crítica y, sobre todo, un compromiso colectivo para garantizar su continuidad. La reciente actividad taurina en plazas como el Cortijo “San Rafael” en Aguascalientes, el Lienzo Charro Zaragoza en Tula de Allende, y la Nuevo Progreso en Guadalajara nos muestra que el talento y la pasión están vivos, pero también que urge abrir las puertas a las nuevas generaciones de toreros para que la tauromaquia mexicana no se quede anclada en el pasado.
El panorama actual es un contraste de luces y sombras. Por un lado, festejos como el del XXV aniversario del Cortijo “San Rafael” el pasado 8 de junio demuestran que la afición sigue respondiendo con entusiasmo cuando se presentan carteles atractivos. Ahí, toreros como José María Hermosillo y José Miguel Arellano brillaron con luz propia, cortando orejas y mostrando un toreo de calidad que merece mayor proyección. Sin embargo, estos diestros, junto a otros el novillero Jesús Sosa, triunfador en Guadalajara, enfrentan un obstáculo recurrente: la falta de oportunidades en las grandes plazas y ferias. Las empresas taurinas, en su búsqueda de taquillazos seguros, suelen priorizar nombres consagrados o toreros extranjeros, dejando a los jóvenes mexicanos en un segundo plano.
La solución pasa por una apuesta valiente: más novilladas y carteles mixtos. Plazas de segunda y tercera categoría, como las de Tula o Aguascalientes, deben convertirse en semilleros de talento. El festival en Tula, con la participación de niños toreros como Daniel Iván “El Dany” y Fausto Piedras, junto a los Forcados Amadores de Hidalgo, es un ejemplo de cómo los festejos innovadores pueden atraer nuevos públicos y dar experiencia a las promesas. Estas iniciativas, sumadas a eventos como la novillada en Guadalajara, donde Sosa se alzó a hombros, son el camino para forjar a los futuros ídolos del toreo mexicano.
Otro desafío es reconectar con la afición joven. En un mundo dominado por lo digital, la tauromaquia debe aprovechar las plataformas de streaming y redes sociales para mostrar su riqueza cultural. España ya lo hace con éxito, transmitiendo corridas desde plazas como Las Ventas o Vic-Fezensac. México podría seguir este modelo, llevando festejos como los de la Monumental de México o la Plaza El Progreso a audiences globales. Además, eventos como el festival a la usanza portuguesa en Tula, que combina rejoneo, forcados y toreo juvenil, son una muestra de que la creatividad puede ser un puente hacia las nuevas generaciones.
No podemos ignorar las críticas de los sectores antitaurinos. La defensa de la fiesta brava debe basarse en la educación, mostrando el respeto por el toro bravo y su crianza, así como su valor cultural. Festivales como el de Aguascalientes, donde los toros de Puerta Grande fueron aplaudidos por su bravura, son una oportunidad para destacar la nobleza del ganado y el arte del toreo. Es crucial que ganaderos, toreros y aficionados trabajen juntos para contrarrestar los ataques con argumentos sólidos y eventos que enamoren a los indecisos.
El toreo mexicano no está en crisis, pero sí necesita un impulso. La afición sigue llenando plazas, como vimos en el “lleno apretado” del Cortijo “San Rafael”, y el talento joven está listo para tomar la batuta. Es momento de que las empresas apuesten por toreros como Hermosillo, Arellano o Mercury, dándoles la oportunidad de alternar en ferias como San Marcos o la Temporada Grande. México ha dado al mundo leyendas como Rodolfo Gaona, Armillita y Silverio Pérez; ahora, toca escribir el próximo capítulo con nuevos héroes que mantengan viva la llama de la tauromaquia.



