¿Por qué no programan a Miguel Aguilar?
Por El Viejo Gruñón
El mundo del toro es un universo de contrastes, donde el valor, la técnica y la entrega se entrelazan con la oportunidad y la suerte. En este contexto, la ausencia del matador de toros aguascalentense Miguel Aguilar en los carteles de las principales ferias de México y Europa resulta, cuanto menos, desconcertante. Este joven diestro, heredero de una estirpe taurina marcada por su hermano, el recordado Mario Aguilar, ha demostrado cualidades que lo posicionan como una promesa sólida del toreo, pero su falta de programación en plazas de relevancia plantea interrogantes sobre los criterios que rigen la conformación de los carteles.
Miguel Aguilar, nacido en Aguascalientes el 9 de abril de 2000, ha forjado su camino con una determinación que trasciende las dificultades. Desde sus inicios en la Escuela Taurina Municipal de Aguascalientes y su posterior paso por la Escuela de Espectáculos Taurinos de México, mostró un toreo de clase, con firmeza y profundidad, influenciado por la figura de su hermano Mario, pero con un sello propio. Su debut con picadores en 2019 en su tierra natal, tras superar la trágica pérdida de Mario en 2018, fue un acto de resiliencia y compromiso. Aquella tarde, según reportes, Aguilar dejó una impresión de madurez y capacidad, refrendada después con tres salidas a hombros en la Monumental Plaza México (2017, 2019 y 2021), incluyendo un triunfo memorable en 2021 al cortar una oreja a cada novillo de San Diego de los Padres, enfundado en el traje que fuera de su hermano.
Su trayectoria no se limita a México. En Europa, Aguilar ha cosechado éxitos como el triunfo en el XVIII Bolsín Zapato de Plata de Arnedo en 2019, además de destacadas actuaciones en plazas como Salamanca, Arles y Vera, donde cortó tres orejas en 2022. Su alternativa en la Plaza México en 2022, con El Payo como padrino y El Juli como testigo, fue un hito que prometía consolidarlo como una figura emergente. Sin embargo, desde entonces, su presencia en los ruedos ha sido escasa, y su nombre brilla por su ausencia en los seriales más importantes, como la Feria de San Marcos o la Temporada Grande de la Plaza México.
¿Qué explica esta situación? No parece ser una cuestión de capacidad. Aguilar ha demostrado un toreo con empaque, basado en la firmeza y el valor, con una técnica adaptable a diferentes tipos de embestidas, como lo mostró en su confirmación en Madrid frente a un lote complicado de Fuente Ymbro. Su enfoque, que combina preparación técnica con una mentalidad fuerte forjada en la adversidad, lo distingue como un torero con “buenas maneras”, capaz de conectar con la afición. Sin embargo, el mundo del toro no siempre premia el talento de manera inmediata. La falta de un apoderamiento sólido, la competencia feroz entre las nuevas generaciones y las decisiones de las empresas taurinas pueden estar frenando su proyección.
La ausencia de Aguilar en los carteles no solo es una pérdida para la afición, que merece ver a un torero con su proyección, sino también un reflejo de un problema estructural en la tauromaquia mexicana: la dificultad para dar continuidad a los toreros jóvenes que no cuentan con el respaldo de grandes apoderados o el impulso mediático de las figuras consagradas. Mientras nombres como Diego San Román o Isaac Fonseca logran abrirse paso en Europa y México, Aguilar parece atrapado en un limbo inmerecido.
Es momento de que las empresas taurinas, como Espectáculos Monterrey, volteen a ver a este diestro de Aguascalientes. Plazas como la Monumental “Nuevo Progreso” de Guadalajara, que recientemente anunció un cartel de novilleros triunfadores para el 15 de junio de 2025, podrían ser el escenario ideal para que Aguilar retome el impulso. Su historial, cargado de méritos, y su capacidad para emocionar al tendido justifican una oportunidad en un coso de primera. La afición, siempre exigente pero justa, sabrá reconocer a un torero que lleva en la sangre el orgullo de su tierra y el legado de su hermano.
La tauromaquia necesita renovarse con figuras que, como Miguel Aguilar, aporten frescura y autenticidad. No programarlo es desaprovechar un talento que, con el respaldo adecuado, puede marcar una época. Que las empresas y los aficionados no olviden que el toreo es un arte que se nutre de oportunidades, y Aguilar merece, sin duda, la suya.



