COLUMNA DEL VIEJO GRUÑÓN: El Silencio de José Tomás, Oportunidad Perdida para la Tauromaquia en la México

El Silencio de José Tomás: Una Oportunidad Perdida para la Tauromaquia en la Plaza México

Por El Viejo Gruñón

 

La reciente prohibición de las corridas de toros tradicionales en la Plaza México, aprobada por el Congreso de la Ciudad de México el 24 de junio de 2025, ha marcado un hito en la lucha entre la tradición taurina y las crecientes demandas de bienestar animal.

Esta reforma, que prohíbe el uso de instrumentos punzocortantes y limita los espectáculos a una tauromaquia “sin violencia”, ha sido calificada por la propia Plaza como inviable técnica y jurídicamente, amenazando la existencia misma del toro de lidia y la esencia de esta práctica cultural. En medio de esta tormenta, una figura clave ha brillado por su ausencia: José Tomás, el torero de Galapagar, quien tomó su alternativa en este emblemático coso el 10 de diciembre de 1995.

Su desinterés por involucrarse en la defensa de la tauromaquia en la Plaza México no solo decepciona, sino que plantea preguntas sobre su compromiso con la fiesta que lo catapultó a la cima.

José Tomás es, sin duda, una de las figuras más influyentes de la tauromaquia moderna. Su estilo, basado en el valor, la quietud y una conexión casi mística con el toro, lo ha convertido en un ícono global.

Sin embargo, su hermetismo y su tendencia a mantenerse al margen de los debates públicos han sido una constante en su carrera. Mientras la Plaza México enfrenta una crisis existencial, su silencio es ensordecedor. Este no es un tema menor: la Plaza México no es solo un escenario, es el corazón de la tauromaquia en América, un lugar donde Tomás forjó su leyenda como novillero y donde, en 1995, se convirtió en matador de toros. Su conexión con este coso debería ser más que simbólica; debería ser un compromiso activo para preservar su legado.

La reforma aprobada en la Ciudad de México no es un hecho aislado. Desde 2013, cinco estados mexicanos han prohibido las corridas tradicionales, y la Plaza México, con su capacidad para más de 41,000 espectadores, ha sido un bastión de resistencia frente a las presiones antitaurinas.

En 2022, una suspensión judicial detuvo temporalmente las actividades taurinas, pero la Suprema Corte permitió su reanudación en 2023. La reciente legislación, impulsada por más de 27,000 firmas ciudadanas y respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum, representa un golpe más contundente. La Plaza México ha argumentado que la reforma, al eliminar elementos esenciales como la puya, las banderillas y el estoque, desnaturaliza la corrida y pone en riesgo la supervivencia del toro de lidia, una especie criada exclusivamente para este espectáculo.

En este contexto, la voz de un torero de la talla de José Tomás podría haber sido un faro para movilizar a la afición y contrarrestar el discurso animalista.

Sin embargo, José Tomás ha optado por el silencio. Este no es un fenómeno nuevo. Desde su reaparición en 2007 tras un retiro inexplicable en 2002, ha mantenido una distancia deliberada de los medios y los actos públicos, salvo contadas excepciones, como su presencia en los premios taurinos de Cádiz en abril de 2025, donde acompañó a su amigo Julio Vega “Marismeño”.

Su reticencia a hablar con la prensa, denunciada por él mismo en raras ocasiones, y su rechazo a las transmisiones televisivas en favor del “misterio” del toreo, reflejan una filosofía personal que, aunque respetable, resulta perjudicial en momentos de crisis.

La tauromaquia no solo necesita toreros en el ruedo, sino líderes que defiendan su valor cultural frente a una sociedad cada vez más polarizada.

Críticos como Antonio Lorca, de El País, han señalado la “falta de responsabilidad” de algunos toreros, acusándolos de un “egoísmo torpe” que debilita a la fiesta. En el caso de Tomás, este egoísmo se manifiesta en su negativa a usar su influencia para abogar por la tauromaquia en México.

Su presencia en la Plaza México en 2016, aunque llena de expectación, terminó en decepción, con una actuación opaca que no estuvo a la altura de su mito. Más allá de su desempeño en el ruedo, su falta de compromiso posterior con la causa taurina en México es aún más decepcionante.

Mientras toreros como José Saborit, de Tauromaquia Mexicana, defienden la industria que genera 80,000 empleos directos y 140,000 indirectos, Tomás permanece ausente, dejando que otros carguen con la bandera de la resistencia.

La tauromaquia mexicana necesita más que nunca de sus íconos. Toreros como Joselito Adame, quien compartió cartel con Tomás en 2016 y salió triunfador, han demostrado compromiso con la afición local.

En contraste, la actitud de Tomás refuerza la percepción de algunos sectores de que su interés se limita a actuaciones selectas, sin un verdadero arraigo con las plazas que lo formaron. Su última actuación conocida, en Alicante en agosto de 2022, y los rumores sobre su posible regreso en 2024, indican que su carrera sigue activa, pero ¿dónde está su voz cuando la Plaza México, su cuna como matador, enfrenta la extinción?

La defensa de la tauromaquia no implica ignorar las preocupaciones éticas de los animalistas, sino abrir un diálogo que resalte su valor cultural, económico y ecológico.

La Plaza México ha expresado su disposición a negociar con las autoridades, pero sin el respaldo de figuras como Tomás, el mensaje pierde fuerza.

Su misticismo, aunque parte de su carisma, no puede ser una excusa para evadir la responsabilidad de proteger una tradición que le ha dado todo. La afición mexicana merece más de quien una vez llenó “hasta el reloj” la Monumental.

En conclusión, el desinterés de José Tomás por promover y evitar la prohibición taurina en la Plaza México es una oportunidad perdida para la fiesta brava. Su legado como torero es innegable, pero su silencio en este momento crítico lo aleja del liderazgo que la tauromaquia necesita.

La Plaza México, donde tomó la alternativa, no es solo un escenario; es un símbolo de identidad que clama por defensores. José Tomás tiene el poder de inspirar, pero mientras elija el mutismo, la tauromaquia mexicana seguirá luchando sin uno de sus mayores estandartes.