Fallece en Puebla don Jesús Ferrer Guzmán, “El Teniente”, icónico aficionado

En la ciudad de Puebla, el pasado domingo 13 de julio de 2025, a los 94 años de edad, falleció don Jesús Ferrer Guzmán, conocido en el ámbito taurino como “El Teniente” y “El Charro Negro”. Su deceso marca la pérdida de una de las figuras más carismáticas y emblemáticas de la Fiesta Brava mexicana, cuya vida multifacética dejó una huella imborrable en el arte, la poesía y la cultura taurina.

Desde temprana edad, don Jesús demostró una pasión inquebrantable por la tauromaquia. A los 14 años, colaboraba con “Don Difi” en el periódico Claridades, trasladando reseñas desde el palco del periodista hasta la redacción. Su ingreso al ejército le valió el apodo de “El Teniente”, que lo acompañaría toda su vida.

Posteriormente, comenzó a asistir a las plazas de toros vestido de charro, una imagen que se convirtió en su sello distintivo. El matador Manuel Capetillo, gran amigo suyo, le obsequió su primer sombrero negro, lo que consolidó su identidad como “El Charro Negro”.

Durante las décadas de 1950 y 1960, don Jesús destacó en el tendido de sol de la Plaza México, acompañado frecuentemente por su esposa y sus hijos. Desde allí, sus célebres gritos resonaban en los festejos, acompañados de epigramas y versos que componía con notable destreza para resumir las corridas.

Estas crónicas poéticas, enviadas a su amigo y maestro Pepe Alameda, y leídas por cronistas de la talla de Paco Malgesto y el propio Alameda, se transmitían en programas televisivos nacionales, consolidando su legado como una voz singular en la tauromaquia.

INSEPARABLE SOMBRERO

Su sombrero negro, símbolo de su presencia, adquirió fama propia al caer a la arena para premiar faenas memorables. Un momento icónico ocurrió cuando Ernesto Belmont, tras un memorable tercio de quites junto a Manolo Mejía y Valente Arellano, ejecutó pases con el sombrero de “El Teniente”, escena inmortalizada en un óleo por el maestro Antonio Navarrete.

Ferviente admirador de Manuel Capetillo Villaseñor, don Jesús cultivó amistades con figuras del toreo, ganaderos, empresarios, periodistas y personalidades del espectáculo y la política.

Su versatilidad lo llevó a incursionar como empresario taurino, restaurantero y fundador de la revista Suerte. Además, plasmó su pasión por los toros en la pintura y en la literatura. En 2004, publicó En Una Tarde de Sol. Rimas Taurinas, un libro que recopila sus versos de notable calidad literaria.

Se estima que ostenta el récord como el aficionado con más brindis recibidos en la historia de la tauromaquia.

LEGADO QUE TRASCIENDE

El legado de “El Teniente” trasciende en su familia, profundamente vinculada a la tauromaquia. Su hija Gabriela, bailaora de flamenco y pintora taurina, es pareja del ganadero Juan Carlos González, de la ganadería El Grullo. Su hija Verónica está casada con el reconocido médico Héctor Aquino, quien ha atendido a numerosos toreros, y son padres del matador Héctor Gabriel, cuya trayectoria como torero constituye una de las mayores satisfacciones taurinas de don Jesús.

Su hijo Diego se destacó como aficionado práctico y editor de una revista taurina, mientras que el matador Alejandro Ferrer, sobrino de don Jesús, completa un linaje de relevancia en el mundo del toro.

Las condolencias y muestras de afecto a la familia podrán expresarse en la funeraria Asís, ubicada en Av. 33 Oriente 801, Col. Anzures, Puebla.

Este 15 de julio, a las 10:00 de la mañana, se oficiará una misa de cuerpo presente en el mismo lugar.

La partida de don Jesús Ferrer Guzmán representa una pérdida significativa para la tauromaquia, el arte, la poesía y la camaradería.

Su sombrero negro ya no adornará las plazas, pero su memoria permanecerá como un símbolo de pasión y autenticidad. Descanse en paz.