En el corazón de la Plaza México, en la que el eco de los clarines aún resuena como un lamento, la tauromaquia mexicana enfrenta no solo el embate de los antitaurinos, sino un mal endémico que la carcome desde adentro: la miopía estratégica de sus promotoras. Las empresas taurinas, esas que deberían ser guardianas de la tradición, han abandonado los medios tradicionales –televisión abierta, radio y prensa– para refugiarse en el espejismo de las redes sociales.
Un error garrafal que, en lugar de expandir la afición, la confina a un gueto digital en el que solo llega quien ya busca el arte del toro. Y en un país como México, donde la Fiesta Brava aún podría ser un bálsamo cultural para millones, este abandono fortuito condena a la tauromaquia a la irrelevancia.
Permítanme ser claro: no se trata de romantizar el pasado, sino de confrontar datos duros. Según el informe anual de la Asociación Nacional de Organizaciones de la Tauromaquia (ANOET) para 2024, la temporada taurina en México registró más de 1,500 festejos en plazas formales y cerca de 19,000 eventos populares, atrayendo a unos 6.2 millones de espectadores presenciales.
Cifra impresionante, sí, pero insuficiente para contrarrestar el declive. ¿Por qué? Porque el verdadero poder de la tauromaquia radica en su capacidad de seducción incidental, esa que se produce cuando un zapeo casual en la TV o un titular en el periódico despierta la curiosidad de un espectador no iniciado. Hoy, eso es un lujo perdido.
Contrastemos con la realidad mediática mexicana. La Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales (ENCCA) 2024, elaborada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), revela que el 74% de los mexicanos mayores de siete años consume diariamente televisión abierta, dedicándole en promedio 2.3 horas al día, mientras que solo el 55% accede a contenidos por internet, con 3 horas promedio.
Noticias, películas y telenovelas dominan: el 50% sintoniza noticiarios, el 46% películas y el 33% dramatizados.
La radio, otro pilar tradicional, mantiene un 15% de preferencia para informarse, superando incluso a las redes sociales en confianza para ciertos segmentos demográficos.
En cambio, las plataformas digitales, aunque en auge, operan en un ecosistema de algoritmos que premia el consumo intencional: solo ves lo que buscas, o lo que un feed sesgado te empuja. El 35% de los encuestados obtiene noticias de redes sociales, pero con una desconfianza rampante –el 68% percibe sesgos o fake news–, frente al 61% que confía en la TV abierta para informarse.
REDES SOCIALES
¿Y las empresas taurinas? En su apuesta casi exclusiva por Instagram, TikTok y Facebook, ignoran este panorama. Plataformas en las que, según Statista y el IAB México, el 59% de la inversión publicitaria nacional en 2023 se destinó a medios digitales, con Social Ads capturando el 25% del pastel total.
Para 2024, ese porcentaje subió al 60%, con un crecimiento del 69% en redes sociales.
Pero en el nicho taurino, esta «modernización» es un autoengaño. Radiografía de una fiesta decadente son las plazas vacías, público ausente… las empresas taurinas priorizan likes sobre llenos.
¿Quieren modernizarse? Apoyen canales de streaming taurino… La Fiesta Brava mexicana no sólo es la Plaza México que está cerrada a la tauromaquia.
Las promotoras gastan fortunas en influencers y reels efímeros, pero han cesado transmisiones televisivas regulares, como las que Azteca 7 o Canal 5 ofrecían en los 90 y 2000, alcanzando audiencias de millones.
Recuerdo las tardes dominicales de no hace mucho tiempo. Cuando era normal en muchas casas un padre zapeando entre futbol y toros, y de pronto, el toreo de un Hermoso o un Silveti irrumpiendo en hogares ajenos al ruedo. Ese «fortuito» encuentro convertía neófitos en aficionados. Hoy, en redes, la tauromaquia es un hashtag marginal: #TauromaquiaMX genera apenas decenas de miles de interacciones anuales, frente a los millones de vistas que un solo programa de TV podría cosechar.
El IFT confirma: la TV abierta retiene el 45.83% de la audiencia televisiva total en 2022, un bastión que las digitales aún no tocan.
BAJO COSTO
Sin embargo, las empresas prefieren el bajo costo de un post viral al riesgo de una campaña en prime time.
El impacto es demoledor. La tauromaquia, que genera empleo para 500,000 personas directas e indirectas (según la Unión Mexicana de Tauromaquia), y preserva 2.5 millones de hectáreas de dehesas ecológicas –evitando deforestación y protegiendo biodiversidad–, se ve asfixiada por su invisibilidad.
En un México donde el 74% de los niños consume TV abierta (ENCCA 2024), ¿por qué no educar generaciones futuras con documentales o resúmenes en Canal Once o TV UNAM? En lugar de eso, las redes fomentan polarización: antitaurinos viralizan videos de protestas con 66,000 vistas, mientras los defensores luchan en ecosistemas cerrados.
Señores empresarios taurinos: despierten. La tauromaquia no es un meme, es un legado que clama por ventanas amplias, no por algoritmos estrechos. Inviertan en TV y prensa para que el toro vuelva a irrumpir en los hogares, no solo en los timelines. De lo contrario, la Fiesta Brava no morirá por decretos abolicionistas, sino por olvido colectivo. Y eso, ay, sería el remate más trágico de todos.



