La icónica Plaza de Toros «La Florecita», ubicada en Santa Cruz del Monte 103, Naucalpan de Juárez, Estado de México –en el corazón de Ciudad Satélite–, ha iniciado su demolición, marcando el fin de un escenario fundamental en la historia de la fiesta brava en la zona metropolitana.
Inaugurada en 1967 por el doctor Alberto Narváez Estrada en honor a su esposa, esta plaza con capacidad para 2,500 espectadores se erigió como un semillero clave para novilleros durante las décadas de los setenta y ochenta, albergando temporadas de novilladas organizadas por la Peña Taurina «Don Dificultades» bajo la gestión de Lalo Cuevas, quien impulsó carreras de figuras como Alfredo Gómez, Manolo Mejía, Alfredo Padilla, Valente Arellano y Cruz Flores.
A lo largo de sus más de 50 años de existencia, «La Florecita» no solo fue un espacio de formación para jóvenes espadas, sino también un recinto que acogió festivales taurinos, corridas de toros y oportunidades para matadores consolidados en momentos de ostracismo, como las temporadas de la empresa Acha y Quintana a inicios del siglo XXI, con toreros como Marcial Herce, Antonio Bricio y Jorge Benavides «Cúchares».
Entre los nombres de renombre que pisaron su ruedo destacan el hidalguense Jorge Gutiérrez, quien se forjó en sus arenas como novillero, y el chintololo Eulalio López «Zotoluco», figura indiscutible del toreo mexicano, quien alternó en múltiples festejos en este coso coqueto, considerado por la afición como la tercera plaza más importante de la capital, solo por detrás de la Monumental de Insurgentes y la de Arroyo.
Tras varios cambios de propiedad, incluyendo la adquisición por el ganadero Sergio Hernández Weber en 2020, el actual propietario ha optado por demoler el inmueble para dar paso a un desarrollo inmobiliario, una decisión que se anunció públicamente en noviembre de 2023 y que se materializa ahora en 2025, pese a intentos de preservación como una novillada de despedida el 19 de noviembre de 2023 y un último festejo en diciembre de ese año.
El derribo de «La Florecita» no solo borra un espacio físico, sino que cierra un ciclo vital en la tauromaquia mexicana, simbolizando la tensión entre el patrimonio cultural y el desarrollo urbano en zonas conurbadas.



