Detención de Nicolás Maduro abre la puerta a las libertades… incluida la tauromaquia

En estos primeros días de 2026, Venezuela y el mundo taurino viven un momento histórico. La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, , marca el fin de un régimen que, durante años, asfixió libertades culturales y tradiciones ancestrales.

Entre ellas, la fiesta brava, esa expresión artística y cultural que une al hombre con la naturaleza brava del toro, ha sufrido restricciones intermitentes bajo el chavismo, con suspensiones de corridas y un vacío legal que amenazaba su supervivencia.

Pero hoy, con la incertidumbre política en Caracas y la posibilidad de un cambio profundo, la tauromaquia venezolana se perfila hacia mejores días. Plazas como la de San Cristóbal, Maracay o Acho en Perú (hermana en tradición) podrían ver un resurgir.

En 2025, pese a las dificultades económicas, se celebraron ferias como la de San Sebastián en Táchira y certámenes de escuelas taurinas, con finalistas como Eloy Verardi y Santiago Mendoza.

La Asociación Internacional de Tauromaquia cumplió 20 años defendiendo su patrimonio, y toreros venezolanos como ‘El Caballo de Mil Batallas’ siguieron brillando en ruedos internacionales.

La fiesta brava no es violencia gratuita, como pretenden algunos animalistas radicales aliados con ideologías de izquierda.

Es arte, ecología y cultura: el toro de lidia, raza única, vive en dehesas extensas, preservando biodiversidad que desaparecería sin él.

En México, donde en 2026 celebraremos los 500 años de la primera corrida en América (1526), la tauromaquia permanece viva pese a intentos prohibicionistas en Ciudad de México, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial en estados y municipios.

Perú defiende con firmeza su tradición en Acho, la plaza más antigua de América.

Ecuador resiste con ferias en Quito y otras provincias.

En el resto de América Latina, gobiernos de izquierda han impulsado prohibiciones: Colombia vetó las corridas en 2024 (efectiva en 2027), sumándose a Chile (1823), Argentina, Uruguay, Brasil y otros.

Estos vetos, a menudo impulsados por agendas ideológicas que ven en la tauromaquia un símbolo ‘colonial’ o ‘cruel’, contrastan con países en los que prevalece la libertad cultural: solo siete naciones la permiten plenamente hoy —España, Francia (sur), Portugal, México, Perú, Ecuador y Venezuela.

La caída de Maduro abre una oportunidad única. En Venezuela, donde la fiesta brava es legal y arraigada desde la colonia, un nuevo gobierno podría eliminar restricciones heredadas y promoverla como motor económico y turístico.

Imaginen ferias llenas en Valencia o Mérida, con toreros locales triunfando sin el peso de la censura ideológica.

La tauromaquia es libertad: la del torero ante el riesgo, la del aficionado ante la emoción pura.

En tiempos de cambios, defendámosla como baluarte contra el autoritarismo cultural.