La cuenta regresiva ha comenzado para el matador capitalino Luigi Mercury, quien vive con emoción contenida las últimas horas antes de embarcarse en una odisea que resume su entrega absoluta a la tauromaquia: un viaje por carretera de más de mil kilómetros y aproximadamente 15 horas rumbo a la plaza de Dzitbalché, Campeche.
“Son de esos compromisos que te hacen valorar la afición y la vocación. Lo más fácil sería irse por avión, pero tiene más sabor viajar así con tu cuadrilla”, confiesa el diestro, que prefiere el polvo del camino, las charlas interminables y la camaradería para llegar al ruedo con el alma encendida.
Mercury, ejemplo vivo de perseverancia en la fiesta brava mexicana, se doctoró como matador de toros en octubre de 2024 en Tlahuelilpan, Hidalgo, tras años de lucha y pasión inquebrantable. Ahora, con el sueño hecho realidad, llega a la Feria Taurina del Camino Real en Dzitbalché para protagonizar un mano a mano internacional junto al talentoso matador ecuatoriano Alexis Sandoval.
El cartel del sábado 28 de marzo promete emociones intensas: ambos diestros lidiarán toros de las ganaderías San Pedro de Carolina y Manolo García.
El festejo arrancará a las 17:00 horas en punto en la plaza campechana.
Como complemento juvenil y lleno de frescura, abrirá la tarde un mano a mano de becerristas entre el local ‘El Menonita’ y el purépecha Humberto Magaña, prometiendo derroche de valor y técnica desde las primeras horas.
Los boletos, a un precio accesible de 200 pesos, invitan a familias, aficionados locales y visitantes a sumarse a esta cita con la tradición taurina en el sureste mexicano, donde la afición sigue latiendo con fuerza.
El domingo 29 continuará la feria con otro mano a mano entre Alejandro Lima ‘El Mojito’ y Jussef Hernández, también ante astados de las mismas ganaderías. Y el lunes 30, aunque ya sin toros, el cierre popular llegará con el show del reconocido comediante ‘Gamborimbo’, fusionando risas, cultura y diversión en una feria que une generaciones.
Luigi Mercury no solo viaja kilómetros: lleva consigo el testimonio de que el valor, la vocación y el amor por los toros siguen vivos en México. En Dzitbalché, este sábado, su muleta buscará emocionar y recordar por qué la tauromaquia es, ante todo, un acto de entrega total.



