‘Es el Changoleon’
Gustavo Mares
En el marco de una intensa semana taurina, porque este sábado abrirá sus puertas la Plaza México luego de una prolongada ausencia, los comentarios en redes sociales en los últimos días giraron en torno a una foto que circuló y en la que aparecen los diestros españoles Alejandro Talavante y José Tomás.
En la gráfica llamó poderosamente la atención el aspecto del diestro de Galapagar, que lucía desaliñado. Con la barba crecida y el cabello recogido en una especie de chongo, que no alcanzó a sujetar algunos cabellos que le caían de manera descuidada por ambos costados.
No pasó mucho tiempo, cuando la imagen la compararon con una gráfica en la que aparecen Manuel Rodríguez ‘Manolete’ y Carlos Arruza ‘El Ciclón Mexicano’ vestidos de traje.
Las opiniones se dividieron. Hubo quien señaló que los que se juegan la vida tienen el derecho a vestir como sea. Complicada afirmación, porque efectivamente profesiones como la de los toreros merecen todo el respeto del mundo, porque no es cosa sencilla.
Sin embargo, del otro lado de la moneda se encuentra el hecho que ser una ‘figura pública’ conlleva muchas responsabilidades. Y más en un espectáculo en crisis como la tauromaquia, que atraviesa por uno de sus momentos más difíciles debido al movimiento animalista, que está más fuerte que nunca.
La tauromaquia necesita mucha publicidad, pero no cualquier tipo de promoción, sino una con gran ingenio que logre captar al público que no conoce la fiesta brava. Como suele suceder, en cuanto la oportunidad lo permite el ingenio del mexicano se hace patente y tras la fotografía del torero madrileño, que pone muchas trabas a los medios de comunicación para cumplir con su trabajo, de pronto apareció en un meme en el que comparte la imagen con Samuel González Quiroz ‘El Changoleón’, quien terminó de indigente a pesar de haber estudiado una licenciatura en la UNAM. Se dice que una fuerte depresión le llevó al alcoholismo y esa enfermedad, a perderlo todo y convertirse en vagabundo.
Que no se tergiversen el tema, la falta de respeto a un torero es cuestión aparte. Solamente hay que centrarse en lo mediático y en la urgente necesidad de captar la atención de público nuevo.
Durante un breve ejercicio de campo, con vecinos al azar sin saber si tienen o no afición, de diez personas encuestadas al ver la foto nueve contestaron: ‘Es el Changoleón. El otro, no sé’. Apenas uno alcanzó a decir que era un torero, pero no recordaba su nombre. Y eso es algo grave porque se trata de un diestro ‘de culto’ para muchos aficionados.
En la época dorada del toreo, todos los toreros tenían muy claro el concepto del ‘espectáculo taurino’ y sabían que incluso en la calle eran ellos mismos un imán para que el público los identificara como matadores de toros y bastaba una sonrisa o un saludo para que se retrataran en taquilla.
Uno de los miembros pertenecientes a una de las dinastías taurinas más importantes del mundo, ahora en retiro y convertido en uno de los profesionales más avezados en el manejo de oficinas de prensa de los diestros más destacados, sobre el tema de los matadores de toros afuera del ruedo comentó a este reportero algún día: ‘Hay que estar en torero las 24 horas. Es parte de la profesión. ¿Tú crees que a mi abuelo le gustaba estar todos los días vestido de charro?, quizá no, pero lo hacía’. Ante tal contundencia, no hay más qué agregar.
Lo que sí hay que comentar es el tino de la empresa de la Plaza México para poner en marcha los festejos de reapertura con la Corrida de Las Luces, algo que per se es un espectáculo aparte. Sin embargo, de nada valdrá el esfuerzo si por la puerta de toriles no sale ‘Su Majestad’, el toro hecho y derecho. Que Dios reparta suerte.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Por qué lo dejan y luego se quejan, si ya saben cómo es?



