Columna Alternativa: ‘HAY QUE SESEAR’

Hay que ‘sesear’

Gustavo Mares

 

No se trata de una cuestión xenofóbica. Se trata simplemente de la desigualdad que siempre ha privado entre la fiesta brava de nuestro país y la tauromaquia del otro lado del Atlántico.

Desde tiempos pretéritos, la participación de los toreros españoles en nuestro país ha sido fundamental. Han venido de todas las categorías. Desde las míticas figuras legendarias como Bernardo Gaviño, que hizo matador de toros a Ponciano Díaz, primer mexicano en tomar la alternativa, hasta otros de la talla del inconmensurable Manuel Rodríguez ‘Manolete’, cuya grandeza puede verse traducida en que fue él uno de los argumentos fundamentales para construir una plaza de toros que fuera más ‘como un estadio’, porque al conjuro de su nombre se agotaba el boletaje.

Paco Camino, Enrique Ponce y Julián López ‘El Juli’ son algunos otros nombres de toreros españoles, que han dejado honda huella en nuestro país.

Desafortunadamente, también nos han visitado toreros españoles que no aportan nada a nuestra tauromaquia. Diestros, que como ellos, aquí en nuestro país hay muchos y mejores.

A los de aquí, a menos de pertenecer a los grupos elite de la tauromaquia, les resulta casi imposible conseguir algún tentadero, pero los ‘fuereños’ apenas llegan al aeropuerto y ya los está esperando una camioneta para llevarlos al campo bravo.

Y así es en todos los aspectos de los entresijos taurinos de nuestro país. Es habitual en la confección de cualquier cartel, que los promotores tengan por default un lugar guardado para algún diestro del otro lado del Atlántico, muchas ocasiones sin importar lo que le pueda darle a la fiesta brava azteca, pero es español ‘y la afición, si no hay españoles, no va’, suelen decir los promotores.

El tema no se trata de pasaportes, sino de oportunidades. Los toreros de importación que aportan a la tauromaquia y que agotan el papel tienen cabida no solamente en nuestro país, sino en muchas otras latitudes del ‘planeta taurino’.

Hay que señalar, que este malinchismo no es únicamente privativo de los matadores de toros, también afecta a los novilleros y aunque usted no lo crea, a los becerristas.

Para no ir tan lejos, durante la presentación de los carteles a celebrarse en la Plaza de Provincia Juriquilla el ánimo se desbordó por parte de los presentadores debido a la actuación de un joven becerrista de quien se han hablado maravillas.

Desde hace algunos años en  nuestro país ha habido muy buenos niños toreros, que por falta de apoyo no han podido consolidarse a pesar de sus impecables cualidades.

Si bien es cierto la tauromaquia, como casi todas las actividades que lleva a cabo el ser humano, son un  negocio y cada quien es libre de manejarlo de la manera que crea conveniente, choca el mensaje de los organizadores porque estos dos festejos al hilo tendrán como ‘base de cartel’ a un niño-torero español.

Ahora bien, la confección de estos carteles se presta para la reflexión porque no se trata solamente de ignorar a los becerristas de nuestro país. Es un festejo a beneficio del colectivo Tauromaquia Mexicana, que se encarga de defender la fiesta brava de nuestro país en diversos ámbitos.

Parece un mensaje opuesto el organizar un festejo para recaudar fondos para una asociación que apoya la tauromaquia mexicana, pero que en ese cartel se brinde un impulso decidido a un joven torero de otro país, cuando aquí también los hay y muy buenos. Quizá lo único que no saben hacer es ‘sesear’.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Y por qué no, primero los de casa?