Columna TORERÍAS: Aportación de la Tauromaquia a la Independencia

¿Quién al gachupín humilla? Costilla
¿Quién al pobrísimo defiende? Allende
¿Quién su libertad aclama? Aldama
Corre criollo que te llama
Y para más alentarte
Todos están de tu parte
Costilla, Allende y Aldama
(Corrido que sonaba previo a la guerra de independencia de 1810).

Amigos, este mes patrio valdría la pena reconocer la aportación de la Tauromaquia a la independencia de este México plural y variado. Aceptar que gracias a grandes Taurinos fue posible la liberación de la corona española. Para muestra, aquí parte de la obra del maestro Miguel Ángel Avilés, quien nos comparte que en un festejo taurino celebrado el 13 de octubre de 1808 en la ciudad de San Luis Potosí se reunieron en el palco principal de la plaza de toros, algo así como un lugar reservado exprofeso para ellos, el Coronel Félix María Calleja, jefe de la Intendencia Militar de la región convertido en terrateniente y el párroco del pueblo de San Felipe Torres Mochas, don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, conocido como Miguel Hidalgo y Costilla. Antes de que iniciara la corrida, se ordenó despejar la plaza, cosa que realizó la Primera compañía del Regimiento de Dragones de la Reina, al frente el Capitán Ignacio Allende. Se lidiaron toros del cura y ganadero Hidalgo ante una gran entrada. Para quienes pagaban menos: garnachas, flautas, pulque o aguas de sabores. Para los que ocupaban palcos y barreras: pato, jamones, quesos y vinos. Al término de la corrida, Allende se presentó ante Calleja para dar el parte de novedades. Esa ocasión don Ignacio no toreó por llevar uniforme militar, aunque la gente sabía que era un gran torero de a pie y caballo. Pero Félix María impedía torear con uniforme porque consideraba el oficio para villanos.
Esta corrida formó parte de los festejos organizados para celebrar la bendición del Santuario de Guadalupe de esa ciudad.
Ese mismo año, Hidalgo se había visto obligado a retirarse a su hacienda El Jaripeo el Grande, ubicada en el pueblo de Irimbo en la Intendencia de Valladolid para trabajar y cubrir la deuda que contrajo en 1794 con el juzgado de Testamentos y Capellanías que sumaba 8,000 pesos. Don Roberto Blanco Moheno afirma en su libro “Hidalgo y Morelos dos curas revolucionarios”, que en ese tiempo don Miguel Hidalgo vendió 80 toros de lidia.
Y es que valdría la pena subrayar que muchos personajes valiosos de nuestra historia nacional han sido taurinos, con criterio propio, sin caer en excitaciones falsas o vanas ilusiones. La lucha de estos grandes, rindió frutos. ¿Acaso no sería bueno seguir su ejemplo y defender nuestra fiesta con la misma pasión?
Seguiremos la próxima semana.
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