MIGUEL REYES ‘EL NIÑO DE BIAFRA’… UNA DESPEDIDA SIN DECIR ADIÓS

Nadie, salvo él, sabía que el festival de abril pasado en la Plaza La Florecita sería el último de su carrera profesional. Sería aquella la tarde de su adiós. Jamás pensó cortarse la coleta, porque torero será ‘toda la vida’, pero ya no está en activo. Cerró un ciclo luego de entregarse en ‘alma, vida y corazón’ a la tauromaquia. Es el diestro Miguel Reyes ‘El Niño de Biafra’, quien en el punto álgido de su carrera profesional tuvo todo para ocupar un lugar preponderante en la tauromaquia mundial.

‘Lo de la Plaza La Florecita era algo muy personal. Nunca había tocado ese tema en público, pero significó para mí la última tarde profesional de mi carrera. No volveré a vestir de luces ni torear en festivales. Claro que no descarto echarme al agua algún día en el campo  bravo, pero será en petite comité. Cerré ese ciclo’, comenta el espigado torero, que se mantiene con una silueta envidiable a sus 65 años de edad. ‘Hago mucho ejercicio, además mi complexión me ayuda’, confiesa.

Torero de tiempo completo, aún después de haber tomado la decisión de retirarse sin hacer ruido, no puede ‘negar la cruz de su parroquia’ porque quien le ve intuye que ese hombre se dedica a alguna rama del arte. ‘Los toreros somos artistas, no somos deportistas. Antes era normal decir que irías a ensayar, no a entrenar. El arte se ensaya y el deporte se entrena’, comenta. Es quizá por los conceptos que maneja, que Reyes Álvarez es un matador de toros con aroma ‘a los de antes’. A aquellos que hacían válida la frase que reza: ‘Para ser torero, primero hay que parecerlo’.

‘Eso se ha perdido. Antes estabas entregado a tu profesión de tiempo completo, de tal suerte que hablabas con un boxeador y este mientras platicaba hacía guardia con ambos brazos y tiraba jabs; con  los toreros, los futbolistas, los cantantes era algo parecido. Hoy todos se parecen’, comparte el capitalino, quien confiesa que ‘no es fácil el hecho de cerrar un ciclo. Creo que no puedes separar al torero y al ser humano, porque es una forma de ser y de pensar, pero es poco a poco. Me tengo que ir haciendo a la idea de que ese ciclo terminó. Lo mejor de todo fue que aquella tarde las cosas salieron a pedir de boca’.

Ese día en el coso mexiquense, el  maestro Miguel Reyes ‘El Niño de Biafra’ dictó cátedra no sólo de técnica y valor, sino de ese oficio auténtico y serio que hizo de la tauromaquia mexicana en la época de oro una de las más grandes del planeta. 

Tras aquella épica actuación, que la prensa especializada no se cansó de aplaudir, le ofrecieron a Miguel Reyes torear una corrida de luces en ese mismo escenario, ‘pero tuve que agradecerles y declinar, porque la decisión estaba tomada. Una decisión que no había compartido públicamente. La vida sigue, me siento muy bien conmigo mismo y si volviera a nacer, otra vez sería torero’.

– ¿Incluso en esta época en la que el arte del toreo es moneda de cambio entre políticos?

– En esta y en cualquier otra época de la historia, comparte resuelto Miguel Reyes, con quien platicar es un deleite porque no todos los días se tiene oportunidad de convivir con un torero de los pies a la cabeza.