Columna ALTERNATIVA: Honor y vanidades

Honor y vanidades

Por Gustavo Mares

Más tarde que temprano habrá cambios en la tauromaquia mexicana. Sería aventurado decir que el espectáculo será incruento como en los Estados Unidos o la usanza portuguesa en la que al toro no se le mata en el ruedo sino dentro de toriles.

Todo dependerá de las decisiones que tomen los políticos y aquí viene lo interesante. El país se hunde a pedazos porque el narcotráfico ha logrado incrustarse al interior del gobierno mexicano.

Con la detención de Ismael Zambada ‘El Mayo’ hay muchos políticos que no duermen tranquilos, por lo que resulta lamentable que los legisladores pretendan enfocar sus baterías en prohibir o modificar las hondas raíces culturales de este espectáculo polémico, y no en pelear contra los criminales que tienen secuestrado al país.

Pero más patético resulta que existan voces de algunos profesionales taurinos, que pretenden modificar la columna de la tauromaquia únicamente por un afán protagónico.

Las corridas de toros son una representación misma de la vida, que es de contrastes; se nace y se muere, se ríe y se llora. Pero hay mentes enfermas que se niegan a ver la realidad de la cotidianeidad. 

Ese tipo de personas son las que van al supermercado a comprar proteína de res, pollo, cerdo o pescado. No comen carne, ellos comen ‘proteína’. En su infinita ignorancia no alcanzan a comprender que la proteína que se vende en los mercados de nuestro país es simple y llana carne, que la mayoría de las veces se obtiene de los rastros en los que los animales son muertos de forma indecible.

El toreo es diferente. Es otra cosa, pero no es para insensibles. Suena contradictorio, pero lo es. Los aficionados a la tauromaquia van a admirar la bravura del toro, no a verle sufrir; y también van a admirar al torero, uno de los últimos héroes de carne y hueso que persisten hasta nuestros días, y que burlan a  la muerte con garbo y arte.

Son los aficionados a la tauromaquia, en su mayoría, grandes ecologistas y amantes de los animales. Jamás se podrá comparar el ser humano con el resto del reino animal, aunque haya quienes se pongan al nivel de cualquier especie.

Aunque en Japón no hay tradición taurina muchos japoneses comprenden la esencia de la tauromaquia que se sustenta en el honor, justo como los samurais. 

Acaso por ese mismo ‘honor’ habrá políticos que atacan la fiesta brava, porque es una palabra que desconocen.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué Monumental es ahora un centro de espectáculos que da corridas de toros sueltas?