POR GERARDO ESTRADA | Enviado
MADRID.- En una tarde marcada por el fuerte viento y un encierro de El Pilar de juego desigual, el joven torero madrileño Víctor Hernández se alzó como protagonista en el segundo festejo de abono de la Feria de San Isidro. Su despliegue de valor sereno y autenticidad, rematado con una oreja de peso al tercer toro, dejó una huella imborrable en los tendidos de Las Ventas, que rozaron el lleno con 20.586 espectadores. Solo los fallos con la espada en su segundo toro impidieron redondear una actuación que, por actitud y proyección, consolida al torero como una de las promesas más firmes del escalafón.
Hernández, que tomó la alternativa hace apenas año y medio, evocó en su toreo la firmeza y verdad que ya apuntó como novillero en esta plaza. Su primero, un toro de El Pilar con volumen pero cargado de complicaciones, empeoró sus defectos conforme avanzaba la lidia, llegando a la muleta con violencia y colándose con peligro por ambos pitones. A pesar del viento, que convertía cada muletazo en un desafío, el madrileño se plantó con una impavidez admirable, aguantando las embestidas sin conceder un paso atrás. Con un valor natural, sin alardes ni aspavientos, logró meter al toro en la muleta en una faena de mérito, coronada por naturales de mano diestra que parecieron imposibles en un inicio. La plaza, rendida a su entrega, exigió la oreja, concedida con justicia tras una estocada desprendida.
La misma entereza mostró ante el sobrero de Villamarta, un cinqueño largo y serio que respondió con cabezazos y coladas ásperas, sin entrega alguna. Hernández, fiel a su concepto, volvió a imponerse con valor, aunque tres pinchazos previos a la estocada final diluyeron el premio. Pese a ello, su actuación dejó una certeza: el madrileño, con un toreo que trae ecos de José Tomás para muchos aficionados, está llamado a ser un nombre propio en Madrid.
Galván, cerca pero sin rematar
En el polo opuesto, David Galván tuvo en sus manos el lote más propicio de la tarde. El segundo, único toro de El Pilar con recorrido y calidad, y el sobrero de Castillejo, noble y manejable, ofrecían opciones claras para el triunfo. Sin embargo, al gaditano le faltó un punto de intensidad y concreción para transformar sus faenas en trofeos indiscutibles. En ambos toros toreó con compostura y buen gusto, pero sus muletazos, de trazo breve, carecieron de la profundidad necesaria. Los adornos y efectos vistosos, que levantaron las mayores ovaciones, no bastaron para convencer a la presidencia, que desoyó las peticiones de oreja tras sendas vueltas al ruedo.
Urdiales, sin opciones ante un lote imposible
Diego Urdiales, el veterano del cartel, poco pudo hacer ante un lote de nulas posibilidades. Su primero, un toro zancudo de El Pilar, careció de fuerza y duración, mientras que el cuarto, más rematado, manseó en los primeros tercios y se paró en la muleta. El riojano, siempre templado, intentó sostener al primero con su proverbial suavidad, pero desistió pronto ante la falta de colaboración del segundo, en una tarde en la que el viento complicó aún más las cosas.
Ficha del festejo
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Toros: Cuatro de El Pilar, con volumen pero desiguales en cuajo y presentación. Solo el segundo mostró nobleza y clase; el resto, deslucidos por falta de fuerza, raza o sentido defensivo. Un sobrero de Castillejo de Huebra (5º), bien presentado y manejable, y otro de Villamarta (6º), cinqueño, largo y sin entrega, ambos sustitutos de titulares devueltos por flojos.
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Diego Urdiales (azul noche y oro): pinchazo, estocada delantera desprendida y tres descabellos (silencio); estocada desprendida delantera (silencio).
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David Galván (malva y oro): estocada tendida delantera (vuelta al ruedo tras petición de oreja y dos avisos); estocada (vuelta al ruedo tras petición de oreja).
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Víctor Hernández (buganvilla y oro): estocada desprendida algo atravesada (oreja); tres pinchazos y estocada desprendida (palmas tras aviso).
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Incidencias: Segundo festejo de la Feria de San Isidro. Tarde fresca y muy ventosa. Casi lleno (20.586 espectadores, según la empresa).



