EL VIEJO GRUÑÓN: Clara Brugada y la cortina de humo del Metrobús

Clara Brugada y la cortina de humo del Metrobús

Por El Viejo Gruñón

En un acto que parece más un gesto populista que una solución real, Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, decidió borrar el icónico toro de lidia con banderillas de la estación Ciudad de los Deportes de la Línea 1 del Metrobús, reemplazándolo por la silueta del Estadio Ciudad de los Deportes.

Este cambio, anunciado el 8 de agosto de 2025, se enmarca en una supuesta política de bienestar animal, tras la prohibición de corridas de toros con violencia aprobada por el Congreso local el 18 de marzo de 2025.

Pero mientras Brugada se regodea en esta maniobra simbólica, la capital se ahoga en problemas estructurales que claman por atención urgente. ¿Es este el liderazgo que la Ciudad de México merece?

La tauromaquia, más allá de las posturas polarizadas, es un pilar cultural de México, arraigado en siglos de tradición. La Plaza de Toros México, ubicada frente a la estación del Metrobús, es la más grande del mundo y un emblema de la identidad capitalina.

En 2024, antes de la prohibición, generó ingresos por más de 300 millones de pesos anuales y sostenía miles de empleos directos e indirectos, desde ganaderos hasta artesanos y vendedores. La decisión de Brugada no solo ataca esta herencia, sino que desvía el foco de problemas graves que afectan a millones de ciudadanos: el colapso del transporte público, la inseguridad galopante y la crisis hídrica que amenaza el futuro de la ciudad.

En 2024, la Ciudad de México registró más de 1,200 homicidios dolosos, un promedio de 3.3 al día, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

El Sistema Cutzamala, que abastece de agua a la capital, opera al 30% de su capacidad, dejando a colonias enteras sin suministro regular.

El Metro, con sus averías constantes y hacinamiento, transporta a más de 4 millones de personas diariamente en condiciones indignas. ¿Y qué hace Brugada? Cambia un logotipo. En lugar de enfrentar estos retos, opta por una medida cosmética que no resuelve nada, pero sí enajena a una parte importante de la población que valora la tauromaquia como expresión cultural.

La excusa del “bienestar animal” suena hueca cuando el gobierno de Brugada no ha presentado un plan integral para abordar el abandono de miles de perros y gatos en las calles de la ciudad, ni ha invertido lo suficiente en refugios o campañas de esterilización.

La Constitución de la Ciudad de México reconoce desde 2017 a los animales como seres sintientes, pero la retórica de Brugada se queda en símbolos vacíos mientras la realidad sigue golpeando. La “corrida sin violencia” que propone es una quimera que no satisface ni a los taurinos ni a los animalistas, y que amenaza con desmantelar una industria cultural sin ofrecer alternativas viables.

Eliminar el toro del Metrobús no es un acto de progreso; es un ataque a la diversidad cultural de México. Es una distracción deliberada para evitar rendir cuentas sobre los verdaderos problemas. La tauromaquia no es solo un espectáculo, es un arte que combina valentía, estética y tradición, y que merece respeto en un país que presume de su riqueza cultural. Brugada, con su obsesión por gestos simbólicos, ignora el clamor de una ciudad que pide soluciones reales, no cortinas de humo.