FOTO EDUARDO PUERTO
Dzibalché, Campeche.- Bajo las luces del campo de béisbol “Félix Amílcar Escalante”, en el corazón del barrio de San Pedro, en el que se instaló la plaza portátil, la primera corrida mixta de la feria se convirtió en una velada inolvidable. Una media entrada vibrante, una noche agradable con un suave viento que apenas rozaba el ruedo y un encierro de calidad general elevaron el ambiente.
Se lidiaron dos ejemplares a la usanza portuguesa de la ganadería “Luis Cob” y dos toros a la española de “Manolo García Méndez”, que mostraron bravura y nobleza suficiente para que brillara el toreo.
La tarde tuvo de todo: esfuerzo, mérito y, sobre todo, el triunfo rotundo de un torero que se entregó en cuerpo y alma.
Mientras Gustavo Sánchez “Menonita” paseó una vuelta al ruedo tras lidiar una becerra que embistió con claridad, y el joven Humberto Magaña sacó muletazos de gran mérito a una becerra de poco recorrido, fue Luigi Mercury quien se adueñó del ruedo y del corazón del público.
Con temple, valor y técnica depurada, Mercury cortó dos orejas en su actuación, dejando claro por qué su nombre resuena cada vez más fuerte.
No fue solo un triunfo técnico: fue una demostración de pasión desbordada, de ese amor inquebrantable por el toro que lo ha llevado a perseguir su sueño pese a los obstáculos.
En una plaza humilde pero cargada de tradición, el matador capitalino —reconocido también por su faceta como artista y empresario— demostró que su verdadero latido está en el albero en el que se unen arte, riesgo y emoción pura.
Por su parte, Alexis Sandoval se despidió con silencio y algunos pitos, en una actuación que no alcanzó el nivel de sus compañeros.
Las cuadrillas de la Asociación de Picadores y Banderilleros de Catem cumplieron con profesionalismo, destacando especialmente la labor de Daniel Cauich en la brega, que aportó limpieza y eficacia a la lidia.
En Dzibalché, donde la feria une a familias y aficionados en torno a la tradición, Luigi Mercury no solo triunfó en el marcador dejó una huella emotiva. Recordó que el toreo, en sus mejores momentos, trasciende el ruedo y toca el alma del público.



