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Aficionados y ganadero cierran filas para apoyar a EL MOJITO

Aficionados y ganadero cierran filas para apoyar a EL MOJITO

Las buenas noticias siempre llegan en el momento preciso, sobretodo, si existe una lucha tenaz por conseguir el claro objetivo impuesto. La semana pasada llegaron hasta la oficina del Matador Alejandro Lima El Mojito, en donde trabaja como abogado, una veintena de seguidores, tras las normales felicitaciones que acompañan al saludo, le dijeron que habían hablado con su apoderado Lázaro Rosas y le tenían una sorpresa:

“Matador hablamos con el ganadero Antonio de Haro para que no pararas en tu esfuerzo, y nos dijo que había ahí un par de toros, tu apoderado propuso llevarlos a la plaza Wilulfo González de Apizaco, para que cumpliendo con la sana distancia que exige la autoridad, te viéramos ahí todos torear”.
Y así ocurrió, El Mojito, gracias a la buena fe de estos magníficos aficionados, volvió a torear, a seguir soñando con el toreo en la inmensidad de su inacabable ilusión y enfrentó a esos dos toros encastados con pasión y entrega.
El primero fue bravo al que recibió de hinojos con una larga cambiada, para de inmediato lancearlo con firmeza, se recreó en banderillas asomándose al balcón; ya con la muleta surgieron series que en verdad emocionaron a la selecta asistencia que desde los tendidos de la plaza de Apizaco, veían con gran admiración a su torero. El temple apareció inmediatamente tras someter al bravo y encastado toro, lo que hizo sumar pases rítmicos y cadenciosos, volviendo a mostrar la solidez de la tauromaquia del Matador Mojito.
Saldría el segundo toro, complicado, las complicaciones propias de la casta, un tanto violento, al que tenía que imponerse El Mojito y lo hizo con serenidad, pensando siempre en la cara del toro. Así, recogió las embestidas violentas a las que se fue imponiendo, para ya en los medios recortar con una media que arrancó el sentido ¡olé! Volvió a poner las banderillas otorgando los terrenos al toro y consumando el tercio con entrega total. Con la muleta inició con doblones, que prosiguieron con el mando de El Mojito al encastado ejemplar, y luego fue sacando series de sumo mérito, siempre adelantándose a las intenciones del toro, que parecía ya conocía en donde estaba el torero, pero justamente, el torero, conocía mejor como lo debía seguir mandando y sometiendo con apoyo de su muleta, de su técnica y del valor natural que posee, con el fin de seguir sumando series poderosas e impactantes que corearon los ahí reunidos por la indiscutible verdad que había en el ruedo.
Fue una convivencia taurina muy bonita e importante, porque por fortuna para la fiesta, para el Matador Mojito, existen estos estupendos aficionados, que cuidan de la tauromaquia a través de apoyar a sus toreros.