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Asegura EL PAYO que ‘para VESTIR DE LUCES hay que tener VOCACIÓN’

Asegura EL PAYO que ‘para VESTIR DE LUCES hay que tener VOCACIÓN’

El valiente Octavio García ‘El Payo’ tiene ocho años de alternativa, uno de los cuales estuvo postrado en una silla de ruedas. Lleva en la geografía de su cuerpo las cicatrices de doce graves cornadas y otras dos más ‘no tan graves’.

Al día de hoy continúa con duras secuelas de algunos de esos percances. Pero dice categórico que ‘la fiesta brava me ha dado más de lo que me ha quitado. Y puedo decirte que realmente no me ha quitado nada. Me ha dado más de lo que podía imaginar’.

El maestro Juan Belmonte decía que ‘se torea como se es’, frase que define a la perfección al diestro queretano, cuya propuesta taurina es transparente, sin engaños, muy verdadera, como sus respuestas.

García realiza campaña en el viejo continente y actuará el sábado en la plaza española de Sacedón, donde alternará con Manuel Jesús ‘El Cid’ e Iván Fandiño con toros de Cayetano Muñoz. Además, en septiembre sumará alrededor de diez corridas de toros.

‘Cuando haces lo que más te gusta es una bendición’, reconoce vía telefónica en la carretera, después de presenciar el festejo de Cuenca.

De regreso a Colmenarejo, provincia de Madrid, donde tiene su base de operaciones, dice: ‘imagínate si no me gusta lo que hago que manejé tres horas para ver una corrida de toros y ya vengo de regreso otras tres horas’.

‘Para vestir el traje de luces hay que tener vocación. Desde que estaba en el grupo de Tauromagia Mexicana nos hicieron ver lo que era la vocación. Recuerdo mucho que nos decían que cuando venía un percance serio o un fracaso duro se veía realmente si existía la vocación. De inicio no tomé muy en cuenta eso, pero cuando vino aquella tarde mala en Madrid que todo parecía derrumbarse me di cuenta de que lo mío es torear. Yo nací para ser torero. En lugar de hundirme, renací’, confiesa.

No hace mucho, con una lectura taurina, le nació la idea de dejarse la coleta natural. ‘Me presenté así a un tentadero y decidí dejarme la coleta natural’, dice el queretano, quien gracias a su esfuerzo tiene ya su propia finca.

Al preguntarle sobre qué es el miedo, comenta: ‘es un sentimiento muy intenso que cuando no lo estás viviendo lo extrañas; pero cuando lo tienes lo llegas a padecer, pero luego te impones. Antes de vestir de luces o en el mismo patio de cuadrillas lo sientes, lo experimentas’.

‘Sin embargo, cuando ya estás frente al toro y lo has dominado ese sentimiento desaparece y sientes algo distinto, una especie de éxtasis, una satisfacción que sólo te da el torear’, reconoce ‘El Payo’, quien en su natal Querétaro podría vivir una existencia sin sobresaltos pero ha preferido, por ese llamado interno tan fuerte que es la vocación, abrirse paso vestido de luces aun a costa de su propia vida… Y es que alguna magia especial atesora el toreo que el gran Premio Nobel Camilo José Cela dijo alguna ocasión ‘el toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet. Es un mundo abigarrado, caricaturesco, vivísimo y entrañable el que vivimos los que un día soñamos con ser toreros’.

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