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Columna Alternativa: Airadas protestas

Columna Alternativa: Airadas protestas

Airadas protestas

Gustavo Mares

 

Apenas hace unos días en el programa ‘Qué importa’, que combina las noticias y el humor crítico, los conductores Eduardo Videgaray y José Ramón Sancristóbal tocaron el tema de los festejos al estilo San Fermín.

Se enfocaron en las celebraciones de Mataelpino, en la sierra de Madrid, donde las autoridades decidieron hace algunos años sustituir el ganado bravo por una bola gigante que recorre las calles del pueblo. Este original encierro se ha convertido en poco tiempo en una tradición en el pueblo y aunque por el momento conviven las dos manifestaciones, la pelota le está comiendo terreno al ganado bravo.

Durante su participación, Videgaray avaló el cambio. Señaló que ‘así debe de ser’.

Del otro lado, su beligerante compañero sin empacho dijo: ‘No, porque si todos toman ese rumbo, entonces los toros bravos no tendrán trabajo’.

Podrán haber parecido dos comentarios al aire, muy en el tono de lo que suele ser el programa. Pero llevan bastante de fondo. Por un lado, el ‘debe ser’ y es que efectivamente estamos en una época en la que hay muy marcados protocolos y tendencias. Desafortunadamente algunas muy alejadas de la realidad o sustentadas en el sentimentalismo como las que envuelven a la tauromaquia en estas épocas modernas.

Hasta no hace muchos años, un matador de toros  generaba el respeto y admiración de propios y extraños. Ahora los tiempos han cambiado, pero suceden aberraciones. Y cuento una. Fue con uno de los rejoneadores más importantes en la historia. Una señora le reclamó el hecho de matar toros a caballo… y lo hizo en el restaurante de mariscos en el que ambos coincidieron para comer. Ahora hay que ser ‘políticamente correcto’ aunque en ocasiones se pueda llegar a cosas descabelladas.

En el otro concepto, respecto a que el ‘toro no tendría trabajo’ lleva un enfoque más profundo. Es real que si la fiesta brava desaparece el toro bravo estará condenado a su extinción.

Hace ya muchos años en un par de zoológicos europeos de países sin tradición taurina se intentó tener en cautiverio toros de lidia, lo que resultó imposible.

Hay tanto de fondo en torno a la fiesta brava que hoy desconocen las nuevas generaciones, que por lo mismo los antis van ganando terreno. A la tauromaquia le hace falta mucha promoción esa es su mejor defensa. Acercarla sin miedo y explicándola con claridad a las nuevas generaciones.

Sin embargo, se antoja difícil poderle hacer auténtica promoción a la fiesta brava cuando cada quien ‘tira para su lado’. Entre los profesionales taurinos se ‘echan la bolita’ unos a otros. Con tal de torear o vender, muchas ocasiones asestan fuertes golpes a la tauromaquia.

Y no es algo que sólo ocurra en México, sino también en otras partes del ‘mundo taurino’, incluido España.

Por ejemplo en Gijón la alcaldesa se sacó ‘de la manga’ el más disparatado discurso para prohibir la actividad taurina. Por el nombre de dos toros tomó tal determinación. Los diestros  de aquel lado del Atlántico protestaron airadamente en cartas y videos que subieron a redes sociales, y de los que seguramente la alcaldesa no tuvo conocimiento.

Son en muchas de las ocasiones ‘llamaradas de petate’ que pretenden enviarle a los aficionados un mensaje de ‘apoyo’ a la tauromaquia. Sin embargo, cuando el apoyo debería demostrarse en llevar la tauromaquia a los pueblos o a las plazas de poco aforo ‘brillan por su ausencia’.

Sólo el tiempo pondrá cada cosa en su lugar.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Cómo le fue de temblor?

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