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Columna ALTERNATIVA: Al vino no se le echa agua

Columna ALTERNATIVA: Al vino no se le echa agua

Al vino no se le echa agua

Por Gustavo Mares

El pasado fin de semana en la Plaza Arroyo se lidió un encierro de la ganadería de San Martín, propiedad de Alberto Bailleres González, quien envió astados serios, bien presentados y lo mejor, bravos sin esas embestidas ‘bobaliconas’ que no transmiten sensación de peligro. El ganado queretano, en cada acometida, se hacía sentir y en el ambiente se intuía el riesgo permanente de la cornada.

El resultado artístico de la tarde en el coso tlalpense puede ser engañoso, porque solamente se cortó una oreja, que fue a parar a la espuerta del lagunero Eduardo Neyra, actualmente radicado en Aguscalientes y miembro de la escuela de Espectáculos Taurinos de México. Pese a su poco bagaje demostró cosas interesantes. Alumno de los diestros Héctor de Granada y Juan Antonio Adame ‘El Bala’ dejó un grato sabor de boca.

El resto de los chavales también hicieron su mejor esfuerzo. No fue fácil, porque una res brava evidencia cualquier mínimo detalle de su lidiador. Pero los jóvenes toreros cumplieron sobradamente con la papeleta.

En lo que respecta a ‘la materia prima’, el encierro de San Martín peleó con fuerza en los caballos. En los engaños de los jóvenes toreros acometieron con bravura, codicia y sensación de peligro. Se agradece a los criadores que no han ‘rebajado el vino con agua’, lo que quedó de manifiesto en la suerte de varas.

El trabajo que se ha llevado a cabo al interior de esta importante casa ganadera afincada en el estado de Querétaro salta a la vista. Anteriormente, San Martín perteneció al entrañable José Chafik, genio de la genética taurina que abrevó directamente de otro grande, quizá uno de los padres de la campaña brava mexicana: Antonio Llaguno.

Lo que ahí se cría suele ser garantía de éxito. Por eso no fue fácil el reto de adquirir la ganadería, mantenerla y al mismo tiempo darle una nueva ‘personalidad’.

Podría parecer sencillo presentarse en la placita Arroyo, con aforo apenas para 800 personas, pero actuar ahí implica mucha responsabilidad porque se encuentra en la Ciudad de México y lo que  sucede suele tener gran repercusión mediática.

Pero además hay un punto importante y que atañe, primeramente a los criadores de toros, después a los toreros y finalmente lo disfrutan y aplauden los aficionados. En la Plaza Arroyo, antes Plaza Luis Castro ‘El Soldado’, existe la tradición de que todo lo que se lidia en un festejo formal, además de bien presentado, sale al ruedo en puntas. Eso le da un gran valor a todo lo que sucede en ese ruedo tan pequeño, pero tan especial.

Aunado a lo anterior, agregue usted que el encierro de San Martín, con divisa en morado y verde, tuvo bravura y raza, lo que se traduce en emoción, porque a la plaza de toros se va a emocionarse, no a divertirse. Para lo segundo está el circo. En la plaza de toros se vive un ritual, una liturgia, en la que un hombre sale a jugarse la vida sin trampas ni trucos.

Cuando salta al ruedo una res brava que conjuga integridad, trapío y bravura, la tauromaquia se celebra plenamente porque permite apreciar la grandeza de este espectáculo incomparable.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Vendrán a la temporada chica de la Plaza México los novilleros más destacados del escalafón, incluidos los que hacen campaña europea?

Comentarios, y sí respondo: www.torosyfaenas.com