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Columna Alternativa: Bravura y carne

Columna Alternativa: Bravura y carne

Bravura y carne

Gustavo Mares

 

La situación económica generada por el covid-19 en nuestro país le ha pegado muy duro a todos los profesionales de la tauromaquia y en especial al campo bravo.

Poco a poco parece que el panorama taurino se abre. El pasado fin de semana, desde la Monumental Rodolfo Rodríguez ‘El Pana’ se llevó a cabo una transmisión vía online, a puerta cerrada, en la que participaron Angelino de Arriaga y Antonio Romero, quienes lidiaron cuatro arrogantes toros de ganaderías tlaxcaltecas.

Al mismo tiempo, en muchas casas ganaderas se han lidiado toros a muerte. Hoy, muchos toreros con algún ‘guardadito’ se han podido dar el lujo de comprar astados a precios de carne para lidiarlos a puerta cerrada.

La medida que han adoptado muchos criadores de bravo al ofertar sus bureles precisamente a precio de carne les ha ayudado a paliar de algún modo la dura crisis económica que vivimos.

Como un plan emergente está bien, porque se generan ciertos recursos para volver a invertir en el campo bravo, pues los toros y las vacas no conocen de economía y comen igual todos los días.

Lo interesante del caso será cuando la situación sanitaria actual permita abrir las plazas de toros con público.

Vender toros a precio de carne como una situación emergente es comprensible. Lo que vendrá después pondrá a prueba, una vez más, a los profesionales de la tauromaquia, porque lo que vale en el toro de lidia es la ‘bravura’.

Cuando un organizador adquiere un encierro busca el bien más preciado del toro de lidia que es su temperamento fiero es decir su bravura.

Claro que el tema de la carne, o los kilos que pesa en pie, también son importantes, pero por lo que vale el toro de lidia es por su bravura.

Habrá que esperar el rumbo que tomen los acontecimientos, pues una vez instalados en la ‘nueva normalidad’ el factor económico será fundamental para la confección de los carteles.

Lo que hoy juega a favor del desarrollo taurino podría convertirse en obstáculo para la celebración de corridas de toros, después de la experiencia que está dejando la actual crisis sanitaria.

Habrá qué esperar a ver qué empresas adquieren toros a precios elevados, qué ganaderos podrán vender sus astados al precio que lo hacían antes de la crisis sanitaria y qué otros tantos criadores de lidia ‘arrojen el arpa’ para dedicar sus esfuerzos al ganado de abasto y no de lidia.

Ahora mismo, algunos ganaderos ya mandaron toda su camada al rastro a precio de carne, cuando reiteramos lo que vale del toro de lidia es la bravura.

Será también interesante lo que suceda con los toreros, ya que una gran parte de ellos se mantienen activos a través de redes sociales, pero otros ni siquiera toman el teléfono para dar una entrevista.

Y no se puede hablar de que las ‘figuras mexicanas’ no atienden a la prensa, simplemente porque no hay hoy día una figura mexicana del toreo. Eso sí, hay extraordinarios diestros con valor y técnica, pero no son figuras.

Se antoja complicado que una vez se vuelva a la ‘normalidad’ que antes conocíamos, porque tarde que temprano deberá de regresar, puedan cobrar los exorbitantes salarios que solían pedir, aunque no lleven ni media entrada al coso.

Es lamentable que a diferencia de los toreros de otras latitudes que aún en época de pandemia se hacen presentes con la afición, los ‘coletudos aztecas’ estén encerrados a ‘piedra y lodo’. Les pasa de noche que ‘santo que no es visto, no es adorado’. Y luego se preguntan el por qué la fiesta brava mexicana depende todavía de los toreros de importación.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Cuándo habrá festejos con público en las plazas de nuestro país?