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Columna Alternativa: Compadre, no me ayudes

Columna Alternativa: Compadre, no me ayudes

Compadre, no me ayudes

Gustavo Mares

La fiesta brava a nivel mundial atraviesa por una de las crisis más duras de su historia. Las flojas entradas dan cuenta de ello. Resulta dramático ver las imágenes que llegan del otro lado del Atlántico de escenarios donde hasta hace no mucho tiempo había muy buenas entradas. Escenarios, en los que sus ferias ofrecen menos festejos que en emisiones anteriores.

Debido a esta crisis, en nuestro país son varias las agrupaciones que trabajan en pro del espectáculo taurino para encontrar la forma en que la fiesta brava perdure.

Al final del día, todo se circunscribe a la venta de boletos. Si en una corrida de toros o novillada se agota el boletaje, problema resuelto… fácil y complicadamente difícil.

Pero no todo es oscuro. La esperanza se renueva con las nuevas generaciones de novilleros mexicanos que vienen empujando fuerte y que están dando mucho de qué hablar durante su paso por Europa. Ojalá sean chavales como José María Hermosillo, Héctor Gutiérrez y Diego San Román, quienes motiven a la afición a volver a las plazas con base en su sana competencia.

Renglón aparte merece la materia prima de este espectáculo, Su Majestad, porque si bien hay crisis en la taquilla, en el renglón ganadero se vive en nuestro país un importante momento. Los más recientes resultados en varios frentes de provincia así lo avalan.

Contra viento y marea, los ganaderos no escatiman esfuerzos y  dedican pasión y dedicación a mantener en alto el listón de la bravura, que hace de nuestro toro uno de los mejores para ejecutar la tauromaquia.

Muchas ferias de nuestro país trabajan fuerte para recobrar la seriedad y presentar toros hechos y derechos, astados que imponen respeto en cuanto saltan al ruedo. Escenarios como Teziutlán, Cedral, San Luis Potosí, Huamantla y Santa Clara se han significado por la impecable presentación de los encierros que han lidiado.

Al mismo tiempo, en los despachos taurinos, se presentan algunos movimientos que resultan difíciles de comprender. Uno de estos, la adecuación que se hizo al reglamento taurino del estado de Tlaxcala y que prohíbe el ‘toro de regalo’.

La tauromaquia es conocida como fiesta brava por el ambiente que priva antes y después de un festejo taurino. Una verbena, algarabía. Motivo de celebración. Lo que sucede en el ruedo es otra cosa: es liturgia, vida y muerte. En el ruedo hay emoción, no diversión. Para divertirse está el circo.

Más allá del romanticismo que envuelve el acudir a una plaza de toros, los aficionados son los clientes que van a un negocio, cuyo empresario se esmera por atenderlos para que sus visitas se vuelvan habituales.

El hecho de que las autoridades hayan quitado el ‘toro de regalo’ en el estado de Tlaxcala, donde hay una arraigada tradición taurina, puede representar una ‘piedrita más’ al desinterés del público para acudir a un coso taurino y más cuando históricamente se ha visto que un toro de regalo puede salvar la tarde.

El malestar del público, que tendrían que defender las autoridades, se hizo patente el pasado día 14 en Huamantla, donde el ganado no dio opción de triunfo lo que encendió los ánimos de la afición que reprochó a todos los involucrados en el espectáculo. Esa noche, la que nadie duerme, el ruedo de la Plaza La Taurina quedó tapizado de cojines y latas de cerveza a manera de protesta, algo que no habría sucedido si se regala un toro de otra ganadería diferente a la titular.

Como aficionado, si desde la taquilla me aclaran que ‘por reglamento no habrá toro de regalo’ me están predisponiendo. Uno como cliente quiere sentirse ‘apapachado’ no coartado en su libertad.

A los puristas de la tauromaquia suelen desagradarles los ‘toros de regalo’ porque consideran que es una ventaja del torero que lo obsequia sobre sus alternantes, como si el resultado de una corrida de toros se circunscribiera a un mero resultado de orejas y rabos, como futbol. El arte y la emoción no se miden. Se sienten y ya. Si algún parroquiano detesta el obsequio es tan sencillo como salirse de la plaza.

Parece más protagonismo de las autoridades, que un esfuerzo auténtico por representar a la afición. A fuerza de ser sinceros hay adecuaciones más importantes por hacerle a la reglamentación taurina, que el ‘toro regalo’.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Alcanzarán a realizarse en la México las doce novilladas, que por reglamento tienen que dar antes de vender el derecho de apartado?