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Columna Alternativa: Contigo aprendí

Columna Alternativa: Contigo aprendí

Pasa el tiempo y cambian las modas. Cuando la fiesta brava dejó de ser entrenamiento militar se convirtió en un entretenimiento para el pueblo.

Paulatinamente ha ido evolucionando. Cambios ha experimentado bastantes en diversos aspectos. Por ejemplo, antaño en los carteles solía anunciarse con letras grandes a los picadores y con tipografía de menor tamaño a los lidiadores en turno.

En el ruedo todo se circunscribía a parar al toro para darle muerte a estoque. En aquellos años pretéritos las faenas tal y como las conocemos hoy día no existían.

Todo ha ido en constante evolución.

La esencia del toreo radica en la emoción y en los sentimientos que produce. El toreo es una gesta –un acto heroico- y no una competencia deportiva en la que los resultados se circunscriben a simples números.

En la época actual esa visión ‘deportiva’, que se suele tener del toreo, hace que se desvirtúen y no se valoren en su justa medida los triunfos de los toreros.

Los premios que un torero puede recibir son, de menor a mayor grado, los siguientes: Ovación, salida al tercio, vuelta al ruedo, una oreja, dos orejas, y dos orejas y rabo. No hay más.

En lo que respecta a ‘Su Majestad’ el toro, los homenajes que puede recibir son: Palmas en el arrastre, arrastre lento, vuelta al ruedo e indulto.

Hogaño es habitual que muchos toreros celebren a lo grande el indulto de un toro que les correspondió en suerte. Nada más alejado de la realidad. Un camino de coba que muchos coletudos gustan transitar.

El indulto es y será siempre un premio para el toro, que salva la vida. Posteriormente es un reconocimiento a su criador, pero no es un premio para el torero. En muchas de las ocasiones un indulto se traduce en el miedo del ‘coletudo’ en turno de tirarse a matar y jugarse todo a una carta.

¿Por qué los más grandes toreros tienen más rabos cortados que indultos en su palmarés? Precisamente por el hecho de que atesoran mucha hambre de triunfo y saben que la obtención de un rabo es un premio que disfrutarán solos, que no se tiene que compartir con nadie.

Cuando a un toro se le perdona la vida, al que deberían sacar a hombros es al ganadero y no al torero en turno. En muchas ciudades la reglamentación taurina premia las faenas a toros de indulto y ha habido ocasiones en que el diestro no recibe ni siquiera un trofeo.

Ha cambiado tanto la visión y el entendimiento que hay sobre la tauromaquia, que existen personas que piensan que aventar los cojines al ruedo, tras una faena importante es algo bien visto, cuando resulta todo lo contrario.

Claro que a lo largo de la historia del toreo los aficionados han aventado cojines, pero no cada ocho días o tras una faena premiada. Es cuando el público arma una bronca monumental. Algo que se hace por excepción, no por regla.

Mucha culpa del desconocimiento que priva hoy en materia taurina se debe a la falta de espacios profesionales que desarrollen el tema taurino con conocimiento de causa. Como en otros aspectos de la vida social, hoy hay una gran improvisación en muchas plataformas. Falta, urgen profesionales en todos los ámbitos.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué torero se amarga si escriben de él y si no, también?