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Columna ALTERNATIVA: Escuela de Vida

Columna ALTERNATIVA: Escuela de Vida

Escuela de vida

Por Gustavo Mares

La temporada en México y España está resultando una lección de vida para todos aquellos que tienen la capacidad de observarla.

Aquí en nuestro país, en mayo pasado, la menudita torera Hilda Tenorio sufrió una terrible cornada en el rostro que le dejó como saldo múltiples fracturas, así como placas y tornillos de titanio.

Debido a lo grave del percance los doctores tuvieron que sujetarle la mandíbula con alambres, de tal suerte que para hablar lo hace como si estuviera imitando a un ventrílocuo.

Una cosa lleva a otra. Lo que antes para Hilda era habitual y sencillo, como comer, en estos momentos es una proeza pues todo lo que ingiere es líquido a través de un popotillo que pasa entre la mínima comisura de los dientes. Ahora mismo cocina sus alimentos favoritos y los muele totalmente para probarlos.

A la par de las incomodidades está el dolor físico. Asegura que le duele más saber que una vez que regrese a los ruedos, lo que podría ser en noviembre, volverá a sostener la misma lucha de tocar todas las puertas para ver cuál se abre. Ni eso la detiene.

Asegura que torear la hace sentirse viva y aunque el camino que le toque transitar por la fiesta brava sea cuesta arriba, no arrojará el arpa.

Del otro lado del océano, el maestro Antonio Ferrera, quien en nuestro país goza del cariño de la afición, es otro ejemplo vivo de la entereza de los hombres que visten de luces. Fue del conocimiento público que el torero atravesó por una mala racha personal que concluyó con un accidente en el río.

Poco tiempo después de esos duros momentos, Ferrera reapareció como el ‘Ave Fénix’, más fuerte que nunca. Como si el destino le hubiera hecho pagar tributo previo, después de ‘liquidar el saldo’ le mostró las mieles destinadas sólo a aquellos capaces de luchar por sus ideales. En la feria de Badajoz, su tierra  adoptiva a donde llegó a vivir cuando tenía siete años, le tocaron en suerte -las dos tardes en las que actuó- sendos toros de indulto.

Durante su primera comparecencia bordó el toreo con uno de Victoriano del Río al que el juez le perdonó la vida; en su segunda tarde, apenas un par de días después, el sorteo le tenía deparado otro gran burel sólo que de la ganadería de Zalduendo. Ferrera volvió a estar inconmensurable. La pureza de su toreo cala hondo e impacta en la afición. Ese ejemplar también fue indultado.

El toreo, que no tiene nacionalidad ni distingue géneros, es por ejemplos como los anteriores, una escuela de vida. Podrá gustar o no el arte de lidiar reses bravas, pero lo que sucede dentro del ruedo es una representación real de nuestro día a día en el que hay que saber ‘capotear’ los problemas, hacerles frente sin importar la ‘catadura’ que pudieran llegar a tener.

Si todos los involucrados, profesionales y aficionados, nos enfocáramos en promover los grandes valores que tiene la tauromaquia sería mejor comprendida por aquellos que no tienen la sensibilidad para conmoverse con este que es considerado como ‘el espectáculo más joven, de los espectáculos antiguos’.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué torero le trincó a la mala un terno de luces a un colega suyo?

Comentarios, y sí respondo: www.torosyfaenas.com