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Columna ALTERNATIVA: Hubo algo rescatable

Columna ALTERNATIVA: Hubo algo rescatable

Hubo algo rescatable

Por Gustavo Mares

El pasado fin de semana en Tenancingo, Estado de México, se llevó a cabo un festejo ‘sui generis’, que se transmitió vía streaming. Desde que se anunció para celebrarse en el Lienzo Charro El Forastero se suscitaron una serie de problemas.

A lo largo de la semana la combinación cambió varias veces. Los toreros anunciados se fueron saliendo.

Al mismo tiempo, los organizadores señalaban que algunos sindicatos de profesionales taurinos obstaculizaban la celebración del cartel, que sería a puertas cerradas y transmitido gratuitamente a través de la plataforma Tlaxcala Taurina.

Luego de una serie de cambios quedó el cartel con el rejoneador Joaquín Gallo en compañía de los Forcados Amadores de Teziutlán, y a pie, los diestros Valente Alanís y César Ibelles, además de los novilleros Sebastián Ibelles y Alejandro Reyes.

El festejo comenzó más tarde de la hora anunciada.

El esfuerzo de los organizadores se agradece, porque al final del día siempre será mejor llevar a la realidad una idea a que sólo se quede en pensamientos.

Sin embargo, organizacionalmente el festejo dejó mucho qué desear por varios factores.

Por principio de cuentas, el escaso trapío de los bureles. Agregue usted que no hubo cuadrillas y que fueron algunos novilleros los que ‘se echaron al agua’ para realizar funciones de subalternos.

A través de los dispositivos muchas personas atestiguaron la transmisión que dividió opiniones. Algunas negativas por dar una mala imagen de lo que es la celebración de un festejo taurino ‘habitual’. Otro tanto, aplaudió la iniciativa de los organizadores.

El festejo, más que un festival taurino, podría considerarse una especie de ‘fiesta privada’.

Es sabido por los aficionados taurinos que en la provincia suele haber festejos que están más cargados al lado de la ‘pachanga’ que de un festejo serio. Eso aconteció en la población mexiquense.

La diferencia con otros festejos de este tipo es que no se transmiten y todo queda en la comunidad. Al hacerlo público las imágenes recorren el mundo y pueden enviar un mensaje equivocado de lo que es el toreo en México. En este festejo no hubo varas de picador. Se improvisó una con una garrocha a la que le amarraron –literal- un rejón de castigo del caballista anunciado.

Pese a todo, hubo algo rescatable en lo acontecido en Tenancingo. La actuación de Sebastián Ibelles, quien enfrentó un burel peligroso y que parecía toreado.

El chaval mexiquense encendió la magia del toreo, porque ahí, en ese escenario y sin cuadrillas, se jugó la vida y firmó una faena de altos vuelos en la que dejó de manifiesto su gran preparación.

Ibelles nos recordó la magia de la tauromaquia en la que un solo hombre, delante de una res brava dispuesta a arrancarle la vida, sin importar el escenario, arriesga el físico con determinación por la satisfacción personal.

Llama la atención que Sebastián, triunfador de la Plaza México, haya decidido vestir de corto para participar en este festejo. Acaso habrá sido motivado por la ‘hambruna taurina’.

Ojalá que los próximos festejos que se avecinan en todos los frentes, sobre todo los que se transmiten masivamente, sean montados con profesionalismo y respeto al público, pero principalmente a la tauromaquia.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué empresa seria y consolidada arrancará primero con sus ambiciosos proyectos?