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Columna ALTERNATIVA: Incómodos cambios

Columna ALTERNATIVA: Incómodos cambios

Incómodos cambios

Gustavo Mares

 

 

La opinión del ganadero Julián Hamdan hace dos semanas en el programa de radio ‘De Todo Menos de Futbol’ en el 1530 de am, logró lo que ni el coronavirus pudo hacer: despertar al medio taurino mexicano.

Básicamente comentó que considera positivo que se hicieran adecuaciones al reglamento; que la puya debería ser más pequeña; que los arpones de las banderillas cambiarlos por clavos y reducir a un cierto número de veces la suerte suprema, así como los descabellos.

Una opinión muy personal que encendió el ambiente taurino. Pero no es algo nuevo. Hace un par de años, en esta misma sección, realizó declaraciones en el mismo sentido. Pero a los profesionales les pasó de noche o hicieron tanto caso como el omiso. Quizá porque no había pandemia.

La más reciente entrevista del criador dividió opiniones. Las hubo muy ‘airadas’ que llegaron a la descalificación personal, lo que de alguna manera resta importancia al comentario del autor porque es evidente que lo ‘escribió con el estómago y no con la cabeza’. Hubo también comentarios de altura y gran profundidad taurina a favor y en contra.

En la segunda mitad de la década de los veinte, cuando en España se implementó el uso del peto, muchos aficionados, profesionales y prensa especializada, daban por muerta la fiesta brava. Pero eso no sucedió.

En México, la recta final de la década de los veinte marcó la conclusión de la Revolución Mexicana que comenzó en 1910. Era un país distinto. Contaban los abuelos, que pelearon en aquella época, que era habitual encontrar personas colgadas en los árboles. Hoy los tiempos han cambiado. México y el mundo, con todos los problemas que atravesamos, es diferente a lo de antes.

Las declaraciones que realizó Julián Hamdan pueden resultar controvertidas, pero lo positivo es que abrió el debate. Dicen que hay que ‘renovarse o morir’. El tema de la puya, en el que parece haber más criadores a favor que en contra, tampoco es nuevo. Durante los primeros años de gestión del doctor Rafael Herrerías Olea al frente del coso de Insurgentes fue tema de debate y los profesionales de la época, en su mayoría, coincidían en ello.

Aunque al final de la jornada son los profesionales del toreo los que deberán sentarse a intercambiar ideas para definir el rumbo que tome la fiesta brava mexicana, tras la crisis sanitaria, es claro que el reglamento taurino para la Ciudad de México es obsoleto y debe adecuarse a los tiempos modernos. Ese documento data de 1997.

Darle un nuevo enfoque no se trata de quitarle al toreo la verdad que le da razón de ser. Se trata de presentar un espectáculo que sea de masas, auténticamente de masas y que no quede sólo en el argumento que el toreo es, después del futbol, el segundo espectáculo más importante de nuestro país. ¡Qué se vea reflejado en los tendidos!

Por supuesto que si los profesionales del toreo avanzan en una sola dirección con la firme determinación de salir cada quien de su zona de confort se pueden hacer las adecuaciones que el reglamento y la fiesta brava necesitan para volver a llenar las plazas cada tarde y no sólo en fechas determinadas.

Nadie ha dicho, -ni el ganadero- que se suprima la suerte suprema. Sólo que se reglamente bien, junto con los golpes de descabello, para evitar escenas que incluso para los aficionados resultan desagradables. Que esas suertes se lleven a cabo un determinado número de veces y no las que el cronómetro permita.

Si cada integrante del espectáculo taurino en todas sus facetas hiciera de manera profesional lo que le corresponde, seguramente no habría tanta polémica en adecuar unas cuantas reglas. Pero no es fácil salir de la zona de confort.

No sólo hace falta modificar el reglamento para que el público vuelva a las plazas. Es un trabajo integral que requiere una ardua labor en diversos frentes, incluido el mediático en busca de captar ‘nuevo público’, que más tarde podría convertirse en afición.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué pasaría si tras el puntillazo final, por reglamento, fuera obligatorio el uso de una pistola de sacrificio para ganado?